Confederación
9 de Octubre de 1978
Yo soy Latwii, y os saludo en el amor y la luz del infinito Creador. Como siempre, nosotros de la Confederación de Planetas al Servicio del Infinito Creador enviamos bendiciones y nuestro amor a cada uno de vosotros, y damos la bienvenida a aquellos que no se han sentado con este grupo desde hace algún tiempo. Apreciamos especialmente la oportunidad de hablar a través de este canal, pues no la habíamos utilizado desde hace tiempo, y siempre es un placer utilizarte como canal.
Vengo a vosotros porque nosotros, de Latwii, deseamos enseñaros la meditación. Cada uno de nosotros, veis, amigos míos, tiene, por así decirlo, una especialidad. Cada uno de nosotros aspira —en intención, en actitud, en personalidad, por así decirlo— hacia el planeta Tierra de una manera que nos convierte en especialistas en un tipo de información. Y nosotros, de Latwii, somos especialistas en un tipo de información que tiene que ver con algo simple, algo que traemos a la gente de vuestro planeta, algo centrado en la meditación, algo que también os habla: es tiempo de reconocer quiénes sois realmente.
En vuestras vidas agitadas, amigos míos, en todo el bullicio de vuestra vida cotidiana, ¿cuándo tenéis tiempo para daros cuenta de quiénes sois? Y si, en verdad, pensáis en quiénes sois, ¿no os estáis entonces juzgando a vosotros mismos y pidiéndoos ser mejores personas y recriminándoos vuestros fracasos? Esto no es lo que nosotros, de Latwii, os enviaremos, pues deseamos traeros solamente el amor, el amor infinito y siempre presente del Creador que se derrama sobre vosotros como el sol derrama su calor sobre vuestro planeta.
Vosotros los humanos, amigos míos, con la creación del hombre, habéis construido muros entre vosotros y entre vosotros y el amor, de modo que experimentáis el invierno, y os volvéis fríos en vuestro corazón y podéis sentir que el amor es limitado entre vosotros y vuestros hermanos y hermanas y entre vosotros y el Creador que os necesita.
Pero os decimos, amigos míos, que hay un lugar dentro de vosotros donde siempre es verano. Está en lo alto de una colina, y a esa colina debéis subir. Debéis buscar y gentilmente —muy gentilmente, amigos míos— retirar vuestros sentidos del mundo que os rodea, de ese mundo que puede ser frío y duro en sus emociones, y paso a paso subir una colina interior en silencio, dejando atrás aquella parte de vosotros que pueda sentir de alguna manera el cansancio y el esfuerzo de vuestra vida cotidiana. Purificaos en las aguas que podéis encontrar en el estanque junto a la colina que vais a subir. Vestíos con limpias vestiduras blancas y continuad ascendiendo. Finalmente seréis sanados en conciencia, amigos míos. Y en la cima de esa colina está este lugar. Ahora sentaos en el prado, escuchad cantar a los pájaros, aspirad el dulce aroma de las flores y sentid el calor del sol. Esto, amigos míos, es el amor del Creador. Es infinito. Es omnipresente. Está más cerca de vosotros que vuestra propia respiración y vuestros propios pensamientos. Esto os es dado, amigos míos. Este es nuestro consuelo. Os pedimos: encontrad la llave del amor dentro de vosotros mismos, en vuestra vida diaria.
Yo soy Latwii. El contacto con este canal y el vínculo con cada uno de vosotros es nuestro privilegio. Enviamos a cada uno de vosotros nuestro amor y nuestra luz, y os dejamos, como siempre, en el amor y la luz que pertenecen únicamente al Creador, pues, amigos míos, el Creador es. Adonai vasu.
Yo soy Hatonn, y os saludo en el amor y la luz del Uno que es Todo. Amigos míos, estamos muy complacidos de que hayáis incluido la meditación en vuestros planes esta noche, pues éramos conscientes de que vuestra velada está llena y de que hemos llegado tarde. Intentaremos ser breves.
Deseamos solamente contaros la historia, amigos míos, de una semilla, una pequeña semilla. Esta semilla, amigos míos, creció profundamente en la oscuridad del suelo, respondiendo a su naturaleza y produciendo una hoja, luego dos, luego tres, luego cuatro y luego muchas, todo a su debido tiempo. Y en cierto momento fue arrancado y comido aquello que era útil, según el criterio de quien plantó la semilla. Os pedimos, amigos míos, que recordéis que no es solamente la semilla la que es plantada la que existe. Os pedimos recordar que podéis ver tensión en vuestras propias vidas mientras producís vuestras hojas, pues la semilla no sabe cuándo llegará el fruto; solamente sabe que el proceso debe continuar.
Os pedimos que tengáis fe en vuestras misiones, cualesquiera que sean. Os pedimos que crezcáis, no juzgando vuestras hojas porque no son frutos, sino permaneciendo en un estado de completa alegría porque estáis avanzando, porque estáis produciendo vuestras hojas, porque estáis solos, porque sois.
Hay muchos frutos, amigos míos, que han sido plantados por el Creador, y todos serán verdaderos y hallados buenos en su debido tiempo. Ese tiempo no es un tiempo que vosotros podáis determinar. Esa bondad no es una bondad que vosotros podáis determinar. Gracias por vuestra paciencia y vuestra confianza en vosotros mismos y en vuestras vidas.
En este momento quisiera preguntar si hay alguna pregunta.
Si no hay preguntas, dejaré este instrumento. Soy conocido por vosotros como Hatonn. Os envío mi amor y mi luz. Adonai vasu borragus.