Confederación

¿Quién soy?

Q’uo, 19 de febrero de 1995

Pregunta del grupo: La pregunta de esta semana tiene que ver con la pregunta “¿Quién soy yo?” que cada buscador de la verdad se plantea. Nos preguntamos acerca de la personalidad encarnacional como un enfoque de quién podría ser cada buscador. ¿Podrían decirnos algo sobre el yo encarnacional, quién es ese yo y cómo podemos usarlo como un vehículo para la evolución?

Somos aquellos de Q’uo. Saludos en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Nos complace mucho haber sido llamados a su grupo en este día. También están presentes aquellas energías que ustedes conocen como las de Hatonn. Sin embargo, según este instrumento pudo discernir, las energías de Hatonn simplemente deben colocarse sobre el círculo de búsqueda y, en un sentido muy sutil, sobre ese dispositivo de grabación que registra estas palabras. Esa onda portadora de quietud y silencio meditativo es una ayuda, y a quienes escuchen una grabación como esta se les puede ofrecer ese don silencioso.

Además, compartimos una broma con este instrumento que hizo que el proceso de desafío fuera un poco más largo de manejar. Siempre esperamos que este instrumento no sea demasiado serio con su desafío, así que cuando ella nos preguntó si veníamos en el nombre del conocido como Jesús, dijimos: “Oh, sí, nos detenemos en el nombre del Amor”. Pero este instrumento no aceptó eso. Sin embargo, para nosotros, el conocido como Jesús es el conocido como Amor, pues esta entidad logró durante la encarnación expresar esa energía en su plenitud. Como siempre, al hablar con un grupo, solicitamos que nuestras palabras sean tomadas con un grano de sal y que se use el discernimiento personal. Agradecemos de verdad a este grupo, y profundamente, por compartir estos momentos con nosotros y por permitirnos compartir con ustedes el humilde servicio que podamos ofrecer en este momento.

La cuestión de la identidad del yo es, en verdad, la pregunta señal de una densidad dedicada a la exploración de la autoconciencia. Las otras experiencias obtenidas en primera y segunda densidad, tan poderosas y abarcadoras como han sido, son como una simple clase de escuela primaria en comparación con las complejidades del autodescubrimiento y la autopercepción.

Ser consciente del simple hecho de ser uno mismo es, en muchos sentidos, confuso. Hay confusión porque cada entidad se ve a sí misma a través del caleidoscopio cambiante de circunstancias y acontecimientos alrededor de los cuales uno hila los hilos de su vida. El niño, esa joven alma cuya mente es infinita y eterna pero cuyo cuerpo es torpe y pequeño, debe determinar qué de su cuerpo lo hace ser quien es y qué no pertenece a su cuerpo sino a la mente o a las emociones. Esto es sumamente desconcertante y el cuestionamiento comienza para cada entidad a medida que esa alma se vuelve lo suficientemente consciente de sí misma dentro de su pequeño mundo como para que el enfoque se vuelva hacia el interior.

A menudo, los de corta edad son vistos por sus padres y maestros como aquellos que no poseen sabiduría innata ni la capacidad de pensar en abstracciones a la edad preescolar, como este instrumento llamaría a los años de cuatro y cinco. Sin embargo, para esa edad, la mayor parte de su gente son filósofos a su manera pequeña, recogiendo preguntas sobre la vida, la muerte y el ser, y mirándolas con seriedad y de forma inquisitiva en busca de pistas sobre la identidad y ese sentido inefable e indescriptible de pertenencia que se anhela, pero que no se siente del todo con aquellas identidades que el mundo ve y transmite al yo joven.

Cada año, en verdad cada estación que añade a la vida del niño su carga de días, produce también una colcha loca de percepción y mala percepción, y el vagar de la memoria y del pensamiento a través de esas estaciones internas que colorean tan profundamente la percepción, por lo general sin ser ellas mismas percibidas. Las cargas que el niño ha asumido a menudo se vuelven invisibles, pero siguen siendo cargas llevadas. Son llevadas no dentro de la mente consciente, sino guardadas de manera segura, como en la bodega de un barco, para el largo viaje que habrá de ocurrir antes de que ese yo sea capaz o esté listo para abrir las compuertas de la carga y trabajar con ese peso que ha permanecido pacientemente esperando tal visita desde la infancia.

Estas áreas ocultas de almacenamiento del yo están escondidas por una buena razón. El yo es una entidad viviente de una manera que trasciende las definiciones actuales de vida, pues no existe la encarnación o la manifestación burda en muchas formas de vida vívida a las cuales las entidades de su esfera tienden a asociar la vida. La vida interior, como este grupo ha señalado, se mueve a través de las encarnaciones, una tras otra, en un viaje inconcebiblemente mayor que el viaje a través de una sola encarnación. Sin embargo, ese yo viajero y buscador, infinito y eterno, solo es plenamente realizado y asentado o incrustado dentro de ese yo infinito mediante los procesos dentro de la encarnación, a través de los cuales la mente llega a familiarizarse cada vez más con el yo.

Por lo tanto, sentarse, tomar el bolígrafo y escribir sobre el papel aquellas cosas que se conocen acerca del yo, y aquellas cosas que se asumen lógicamente, e intentar inferir la identidad de alguna manera mental no es útil, pues el yo no está construido con la lógica de la mente. Ese yo que es el yo más profundo es una distorsión del amor, y el corazón, a medida que se abre, simplemente se vuelve cada vez más capaz de resonar con las emociones puras que son esa distorsión única del amor que es cada entidad. Así, uno siente e intuye mejor su camino hacia una comprensión más profunda de la identidad del yo de lo que jamás podría producir el trabajo con la lógica y la mente. Estos son asuntos sutiles.

Y el uso de palabras es una opción torpe cuando se trabaja en este ámbito, sin embargo no tenemos otra opción que estas palabras, así que si nos perdonan a nosotros y a este instrumento, que debe en cierto modo traducir nuestros conceptos, continuaremos intentando arrojar algo de luz sobre este tema tan central.

Cuando la entidad que cada uno es entra en la encarnación, es consciente de antemano de que perderá su camino; no recordará ese camino; y necesitará despertar en la vida para comenzar ese viaje de autodescubrimiento. Aquellos como este círculo aquí presente fueron despertados por el llamado de esa naturaleza que, a medida que cada uno crecía, fue descubriendo dentro de sí mismo. Así, cada uno ha pasado por varias generaciones de pensamiento acerca de la identidad del yo y ha descartado muchas autoidentidades, encontrándolas demasiado limitadas y no lo suficientemente evocadoras del avance o evolución espiritual percibidos por uno mismo. Es bueno haber comenzado esta búsqueda, esta peregrinación, pues a medida que las entidades buscan la luz, a medida que son atraídas hacia el amor, también están buscando su identidad.

Los ideales y los arreglos filosóficos que sirven para crear una experiencia de vida más espiritualmente consciente deben colgar en el misterio y en el velo. Hay mucho que el yo desearía conocer y, sin embargo, no puede conocer dentro de la encarnación. No habría utilidad en las encarnaciones si el trabajo realizado dentro de la encarnación estuviera terminado y si el rompecabezas, por así decirlo, estuviera completa y perfectamente resuelto para una entidad. Entonces esa entidad acaba de trascender la tercera densidad y pronto partirá de este planeta y de su existencia física de tercera densidad. Es un requisito previo, por así decirlo, de la encarnación o de la continuidad de la encarnación, que la persona esté trabajando para descubrir la verdad, la verdad del yo, la verdad del amor, la verdad comoquiera que esa entidad la describa o la formule. Cuando la escuela termina, el Creador simplemente permite que esa entidad siga adelante. Así, la única certeza acerca de las entidades dentro de la encarnación en su planeta en este momento es que se conocen a sí mismas de manera imperfecta. Esto, siendo entonces un requisito previo para la vida tal como ustedes la conocen, puede ser considerado algo bueno por algunos, aunque no se esperaría un “sí” universal.

Sin embargo, a la mayoría de las entidades les parece algo injusto, en el sentido de que la baraja está arreglada en contra de poder conocer la verdad que se busca con tanta avidez. Pero les decimos que el espíritu dentro de la encarnación que aún busca es el espíritu que tiene el derecho de manifestar dentro de la ilusión aquellos dones que pueden ayudar a esa ilusión. Nadie en su esfera, nativo o Caminante, está plenamente realizado. Cada entidad se encuentra en ese viaje, y también lo estamos nosotros, y para nosotros, a medida que han aparecido verdades mayores, cosas han caído y nuevos misterios han aparecido. Así ha sido también para ustedes y así continuará siendo.

Uno puede contemplar esta identidad en el nivel de su programación y ver un aspecto muy mecánico de la autoidentidad. Con esto queremos decir que existe, dentro de la fusión hecha entre la conciencia y el biocomputador de su cerebro, aquellas maneras de percibir que han sido escogidas a lo largo de la encarnación hasta ahora, y que han reescrito y distorsionado la forma y la prioridad con la que los datos sensoriales entrantes son recibidos y procesados.

Así, en un nivel importante, el buscador puede encontrar que su identidad es un amalgama de aquellos programas que se ejecutan cuando el yo es presentado con datos sensoriales. Un ejemplo simplista de esto sería el cliché del que este instrumento es consciente acerca del vaso de agua que está medio lleno para el optimista y medio vacío para el pesimista. Mediante tales juicios el yo va acumulando un sistema para juzgar las percepciones entrantes, y decide y hace elecciones respecto a estos datos basándose en elecciones hechas previamente, las cuales han sesgado las percepciones entrantes antes de que hayan surgido a la mente consciente.

Por ello es muy fructífero volver al trabajo interior, observando aquellas cosas que captan la atención a lo largo de cada día y trabajando con esa cosecha diaria de conocimiento del yo, observando y contemplando lo que ha sido observado. Mucha sanación puede ser realizada por la entidad que regresa a esas experiencias tempranas que sesgaron el programa, descubriendo esos centros de dolor, ira, decepción o cualquier complejo negativo de emociones que causó aquella cristalización que distorsionó la programación en primer lugar. Y alentamos esos esfuerzos por conocerse a sí mismo trabajando con la memoria y con los sueños, que pueden ofrecer recuerdos que han sido olvidados.

Sin embargo, es igualmente útil rendir todo conocimiento del yo como siendo completamente irrelevante para el yo que desea llegar a ser uno con el Uno Infinito Creador, que desea únicamente perderse en esa presencia, que busca morar con el Amor infinito que es el Único Creador.

Cada entidad tiene una identidad. Vista desde el nivel más elevado, cada entidad es una ilusión. Y a medida que las densidades ascienden hacia el final de una octava, aquellas entidades autorrealizadas que estaban tan llenas de emoción en densidades anteriores y que experimentaron estados ideales de compasión y sabiduría, se encuentran liberando capa tras capa de ilusión hasta que, en el gesto final de la personalidad individual, el yo es liberado hacia Todo Lo Que Es por deseo. No podemos, en este punto de nuestro propio aprendizaje, imaginar cómo es anhelar tan profundamente al Infinito Uno que la personalidad sea completamente liberada, pero esto al final ocurre, hasta donde sabemos.

Teóricamente entonces, si uno no pensara en absoluto en ningún momento y simplemente permaneciera cómodo dentro de la encarnación y evitara la preocupación, podría ser posible no interesarse nunca por el autoconocimiento, eligiendo simplemente amar al Creador. Sin embargo, ninguna entidad ha tomado todavía este atajo, pues los sentidos físicos en cualquier densidad son tales que proporcionan al individuo una clara prueba subjetiva de existencia y autoconciencia.

Quizá la mejor manera de aconsejar a un buscador sobre cómo mirar la personalidad encarnacional es sugerir que cada uno permita al yo la libertad de límites semipermeables, que permita al yo ir profundamente hacia dentro, que anime al yo a moverse con destreza y profundidad dentro de sí mismo a medida que se presentan las oportunidades. Esto no es algo que pueda hacerse con un horario. Estos momentos de claridad llegan cuando deben llegar, y simplemente exhortamos a cada uno a apreciarlos y a entregarse a ellos cuando llegan, pues son buenas oportunidades para aprender.

Y cuando el yo no se encuentra en tal estado, animamos a cada uno a permitir que la pregunta descanse. Pues el autodescubrimiento es un proceso que necesita tiempo. No es algo que se capte de manera cristalizada y total, sino que yace demasiado profundo para tales experiencias. Y mientras al yo se le permita su libertad natural para ser profundo en un estado de ánimo y superficial en otro, ligero un día y pesado otro, y así sucesivamente, esta es la mejor manera de estudiar el yo. Es cuestión de sorprenderlo desprevenido. No se puede mirar eternamente al yo con provecho. Uno debe apartar la mirada y volverse espontáneo.

Existe ese equilibrio entre el trabajo y el descanso que alimenta y sostiene el trabajo, el cual animamos a cada uno a mantener en mente. Las tareas mundanas de la vida diaria pueden no revelar el yo al yo, y ciertamente uno no es lo que hace. Sin embargo, lavar los platos, enseñar, o cualquier actividad, en un momento puede no significar nada y en otro revelar una verdad profunda. Así, el buscador sabio es aquel que está alerta a esos momentos en los que el momento presente deja de ser un momento en el tiempo y revela la infinitud de profundidad, anchura y amplitud que es la verdad de cada momento presente.

Pues el momento presente es el único que existe, y todos los momentos presentes existen simultáneamente. No se sorprendan al encontrar la realización ocurriendo en medio de la tarea más pequeña y rutinaria, pues las cumbres internas de la experiencia no son aquellas que parecen altas en el mundo exterior, sino más bien aquellas que tienen su ser y su altura en lo profundo del yo.

Como hemos dicho, este es un tema difícil, pues la verdad de la personalidad es cambiante, y sin embargo la honramos profundamente. Pues de ella ha surgido todo lo que ha sido necesario para que evolucionemos hasta donde estamos ahora. Y sentimos seguridad al decir que esto también es así para cada entidad. Esto también tiende a ser cierto: que dentro de la existencia diaria, ordinaria y cotidiana, no existe un solo camino sino muchos caminos para perseguir el autodescubrimiento.

Ninguna verdad que encuentren acerca de su naturaleza será jamás completa dentro de la encarnación, pues hay mucho material concerniente a sus verdaderas naturalezas que yace profundamente oculto dentro de la mente subconsciente y que no está disponible para el yo encarnacional despierto.

Yo soy Q’uo, y aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestra completa gratitud por haber sido invitados a unirnos a su grupo. Sentimos que hemos sido bendecidos con un gran honor y siempre estamos contentos de responder al llamado de este grupo, pues cuando caminamos con ustedes somos enriquecidos también en nuestro propio viaje. Ahora los dejamos en el amor y en la inefable luz del Uno Infinito Creador. Adonai, amigos míos.