Confederación

Cómo tratar el cambio y el sufrimiento

Q’uo, 15 de marzo de 1998, Meditación dominical

Pregunta del grupo: Nos gustaría saber si existe una mejor manera de manejar el equilibrio entre la necesidad de hacer algo y el esperar a que las cosas sucedan de forma natural cuando estamos atravesando grandes cambios que pueden ser una iniciación o una transición de naturaleza importante en nuestras vidas. ¿Cuál es el equilibrio entre el trabajo del corazón y el trabajo de la mente al afrontar estos cambios?

Somos aquellos conocidos por ustedes como el principio de Q’uo, y los saludamos a cada uno en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Podemos decir cuán privilegiados y cuán humildes nos sentimos al ser invitados a compartir nuestras opiniones y pensamientos con ustedes en este momento. Somos conscientes de que esta semana la preocupación en sus mentes es la del cambio. Existen muchas maneras de observar este proceso necesario e inevitable. Quizás para nosotros sería adecuado dar un paso atrás desde el alma en transición e intentar describir lo que vemos como la situación contra la cual se desarrolla este drama de cambio y transformación.

La conocida como Sarah ha expresado su amor por el concepto del universo holográfico, y ciertamente nosotros también sentimos que cada uno de ustedes es como el holograma de la creación y del Creador. Esto, por supuesto, no es evidente ni manifiesto dentro de su ilusión de tercera densidad, y sin embargo hay un punto dentro de cada alma despierta que yace muy por debajo del nivel de los sentidos y del pensamiento racional donde el espíritu conoce al yo, y esa base o fundamento es una clase de conocimiento de sí mismo que no cambia con el tiempo, el espacio o las circunstancias, sino que es la esencia del ser, los patrones infinitamente sutiles y únicos de vibración que crean ese complejo perfume de luz y color que es la chispa que cada uno de ustedes es.

Es difícil expresar este concepto en un lenguaje que mide por tamaño, pues ustedes como ciudadanos de la eternidad son a la vez infinitamente grandes e infinitamente pequeños. Sin embargo, en ambas visiones de esta base del ser, la chispa del yo es una realidad en medio de la confusión, una sensación profunda en el interior que perdura más allá de toda experiencia. Cuando se eleva a la conciencia aunque sea por un momento, la vida consciente se transforma en ese instante.

Y cuando estos momentos de claridad ocurren para cada uno que se encuentra en un camino sombrío y siente la presión del cambio, alentamos a que ese momento sea cuidadosamente grabado en la memoria, pues el simple recuerdo de la realidad del ser es un bálsamo y un consuelo frente a las experiencias emocionales y mentales, a veces muy difíciles, de quien está en proceso de cambio. Más allá de cualquier otro recurso, para quien se percibe a sí mismo cambiando, este recurso básico de conocer ese yo holográfico interior y recordar cómo se siente es una memoria poderosa y salvadora.

Veamos ahora el cambio usando la palabra sufrimiento. Cuando la vida de la carne nace, inmediatamente comienza a cambiar. Dentro del mundo físico todas las cosas que desarrollan cuerpos y aparecen en la ilusión como parte del plano terrestre cambian continuamente a lo largo de su tiempo de florecimiento, maduración y decadencia. El origen y el final de todos estos cambios para la carne física es el polvo y las cenizas. No sugerimos ni por un momento que el origen y el final del cambio dentro del buscador espiritual sea el polvo y las cenizas. Sin embargo, es bueno reconocer la absoluta inevitabilidad de ciclos constantes e incesantes de alteración y transformación, y dentro de cada transformación hay decadencia, hay pérdida de aquello que queda atrás.

Y existe ese tiempo en que la pérdida ya ha ocurrido pero la nueva vida aún no se ha hecho evidente. Esos momentos, que este instrumento a menudo ha llamado la Noche Oscura del Alma, son tiempos de profundo dolor y desconcierto para muchos. Ciertamente la mente comprende el concepto de cambio. Y como este instrumento decía antes, la mente ve el cambio como un problema que hay que resolver. Esta es la tendencia natural de un cerebro, y hacemos esta distinción claramente entre intelecto y conciencia, pues la forma fue creada simplemente para resolver problemas, para tomar decisiones que tiendan hacia la seguridad y la comodidad de un vehículo físico.

Sin embargo, cuando el espíritu despierta del agradable letargo de la Tierra, no contempla simplemente los procesos naturales de una vida, no solo el ganar dinero, la adquisición de los objetos necesarios y cosas por el estilo, sino que mucho más intensamente aparece la sensación de que la mente es incapaz de enfrentarse o resolver el proceso del cambio espiritual. Con tanta frecuencia, quienes están en medio del cambio espiritual intentan usar el intelecto. Es un recurso natural y común. Después de todo, la mente es consultada continuamente, trabaja sin cesar, y cuando se enfrenta a los matices sutiles de aquello que es más profundo que las palabras, se encuentra inusualmente desconcertada. Hay cosas sobre las cuales el intelecto no puede trabajar. Hay situaciones que el intelecto no puede convertir en un problema para resolver. Existe esa sensación de estar fuera de control y, hablando intelectualmente, esta sensación es precisa. Pues hay muy poco que el cerebro pueda hacer para promover la paz del corazón o ese maravilloso sentimiento de gracia.

Esta incapacidad de poner en juego los recursos de la mente y dispararlos contra la situación no es fácilmente comprendida por quienes no han despertado. Ellos no ven más allá de las preocupaciones materiales que están en la superficie del cambio o que ocurren simultáneamente con el cambio que se percibe en el interior, y en consecuencia el buscador espiritual queda aislado no solo de sus propias capacidades intelectuales, sino también de los recursos intelectuales de quienes lo rodean.

Por el contrario, quienes captan y simpatizan plenamente con las sutilezas de la regeneración espiritual no pueden poner palabras a un proceso que es mucho más profundo y menos personal de lo que las palabras y el lenguaje en general pueden ofrecer. Los asuntos involucrados en la transformación espiritual son profundamente impersonales y, al mismo tiempo, exclusivamente personales para cada buscador. Es decir, al mismo tiempo que el buscador experimenta percepciones únicas debido al patrón único de distorsiones de esa entidad en particular, esa chispa también se está fusionando y creando dinámicas con un Ser mayor, un proceso muy difícil de expresar en lenguaje, pues ese Ser es al mismo tiempo esa chispa que eres tú y todo lo que existe.

Las capas del yo, a medida que uno desciende por el árbol de la mente, son infinitas, y a medida que el experimentador se mueve y participa en este proceso de cambio espiritual, puede estar en un momento en un nivel de la mente; en otro momento en un nivel de la mente desconcertantemente diferente, rozando la superficie y sumergiéndose profundamente, emergiendo y estabilizándose, y al mismo tiempo sin saber que está en movimiento. El mar espiritual es tridimensional, y puedes respirar el agua.

Así, existen experiencias de ser llevado al fondo del propio ser, de convertirse en el planeta, la estrella, el sol, la creación; y al mismo tiempo, esas conciencias infinitamente pequeñas del yo como un pensamiento, como un éter, como un objeto tal como una hermosa mariposa, o una flor en perfecta floración, o, dada la naturaleza sardónica de la mente de este instrumento, una pila de basura. Todos estos niveles y sentimientos que los sentidos no pueden procesar dentro de la encarnación están en juego y actúan con bastante libertad mientras la entidad intenta de alguna manera no solo sobrevivir a este proceso, sino abrazarlo, darle la bienvenida, cooperar con él y quizás acelerar el proceso.

Sin embargo, la esencia del cambio espiritual es el sufrimiento. Existe un sufrimiento superficial al estar sin hogar, agudo pero no hasta los huesos. Existe un grado más profundo de sufrimiento al tomar conciencia ya sea de la profundidad del sufrimiento del yo o del sufrimiento del mundo. Y esto puede irrumpir sobre uno con un poder e intensidad que embotan la mente y arrojarlo a un gran pozo de desesperación.

Esto es parte de la creación. Esto también debe ser abrazado, esta muerte, este dolor, esta limitación, este mismo dolor debe ser abrazado de alguna manera. El yo no ve ninguna posibilidad de llegar a ser capaz de abrazar naturalmente el sufrimiento. Aquí es donde el corazón puede convertirse en un recurso cada vez más útil y valioso, pues mientras la mente es una excelente herramienta para el mundo exterior de las decisiones dentro del mundo externo, es dentro del corazón y de las emociones más profundas donde tendrá lugar el cambio espiritual.

Y, por lo tanto, es al corazón al que el buscador puede acudir de manera confiable y con confianza; a veces en busca de consuelo, a veces de aliento, y a veces simplemente de un lugar donde ser sostenido, consolado y amado. Mientras que la mente debe pensarse a sí misma como sagrada, el corazón más íntimo ya es tierra santa, y allí espera el Creador, esa Infinidad Inteligente que tan curiosamente ama cada chispa a través de la cual está aprendiendo sobre Sí misma. Al sentarte dentro de este templo y recordar al Creador y sentir esa santidad en tu interior, el yo puede encontrar alivio del dolor aunque sea por ese momento. ¡Y, oh, qué alivio es ese momento!

En este momento quisiéramos hacer una pausa y pedir una redirección de la pregunta, pues nos damos cuenta de que hubo varios hilos en la información solicitada hoy, y nos gustaría tener una orientación adicional. ¿Hay alguna pregunta en este punto que alguien quisiera aportar para que podamos, por así decirlo, ubicarnos mejor? Nosotros somos Q’uo.

Virginia: ¿Cómo se relaciona la liberación de experiencias traumáticas pasadas o de programaciones pasadas con el progreso que se puede lograr y con los cambios que serán necesarios en este momento para avanzar más en la ascensión?

Q’uo: Somos aquellos de Q’uo y te agradecemos tu pregunta, hermana mía. El pasado a menudo parece ser una especie de carga permanente, al menos la parte menos agradable de ese pasado. Existen nuggets cristalizados de dolor, dolor emocional y espiritual, que están profundamente encerrados dentro de la personalidad y el carácter de cada buscador. Cualquier intento de analizarlos o tratarlos terapéuticamente para darles una nueva configuración tiene un éxito limitado porque la mayoría de las entidades terapéuticas no ven que el asunto es el perdón.

La programación profundamente enterrada y los cristales de dolor son vistos como aquello que debe ser extraído, arrancado de raíz, vistos en otras palabras como malas hierbas en un jardín. Y, sin embargo, este enfoque solo tiende a construir muros lo suficientemente gruesos como para proteger a uno de esas áreas cristalizadas de dolor sin llegar a una conciencia equilibrada de ese dolor. No se puede regalar lo que no se ha perdonado en uno mismo. Uno solo puede dar aquello por lo que se ha perdonado a sí mismo por sentir, y los detonantes de este perdón son diferentes para cada buscador.

La clave, sin embargo, es el perdón de uno mismo, el perdón de los demás, el perdón de la humanidad. Pues verdaderamente es la propia naturaleza del mundo físico tal como lo conoces, esta densa química pesada en la que habitas, la que hace que casi nada pueda cambiarse sin dolor. Sin embargo, cuando los sentidos son despertados por ese último ápice de perdón, es como si alguien hubiera levantado la carga de los hombros.

En cuanto a cómo acercarse a ese momento de liberación, solo podemos alentar la persistencia del deseo. Está escrito en vuestras obras sagradas: “Pedid y se os dará. Llamad y se os abrirá.” Y esto es verdad. Siempre decimos a través de este instrumento: “Ten cuidado con lo que deseas.” Porque verdaderamente todos los deseos te serán concedidos. Y sin embargo, ¿qué desea un ser espiritual? ¿Desea el alivio del dolor, o desea servir al Creador de cualquier manera en que pueda servir al Creador?

¿No son acaso los caminos de esas entidades espirituales que son inspiración para vosotros dentro de vuestro mundo, esas vidas que han experimentado mucho dolor y sufrimiento? Y sin embargo veis en esas vidas una alegría, un deleite, una pasión que de algún modo transforma la experiencia del sufrimiento. El camino de este instrumento hacia el Creador es el maestro que conocéis como Jesús el Cristo. Esta entidad buscó deliberadamente su sufrimiento y simplemente lo dedicó al sufrimiento de todos los seres, abrió sus brazos al mundo y dijo: “Tomo todo el dolor, todo el sufrimiento porque quiero que haya menos sufrimiento, y esto es lo que puedo hacer.”

De muchas maneras también vosotros podéis tomar sobre vosotros la tristeza del mundo, y esta es una práctica espiritual que muchos han seguido. Os pedimos que miréis con ojo sereno el sufrimiento implicado en la transformación, pues esta actitud es equilibrada en nuestra humilde opinión. Es a la persona que es capaz de mirar la Noche Oscura del Alma de la que habló este instrumento con un ojo indiferente pero con un corazón pleno y dispuesto, a quien este proceso puede empezar a resultarle más fácil.

Al liberar y rendiros a vuestro sufrimiento, al dar la bienvenida a aquello que debe ser sufrido como a un hermano y como a una hermana, al ofrecer la hospitalidad de vuestra vida, vuestro cuerpo, vuestra mente, vuestra fuerza y vuestra voluntad a este proceso, el corazón se abre como por magia, y descubrís que no importa cuán intensamente duela, no mata sino que, más bien, limpia, vacía, renueva y prepara a ese instrumento para ser un canal cada vez más claro, más puro y más brillante para la luz que debe entrar en el mundo o el amor que debe entrar en el mundo, no desde vosotros sino a través de vosotros.

A medida que abrazáis este proceso, esas emociones de liberación y humildad, de sencillez y de nada, se convierten en una ofrenda para ser elevada al Creador como “todo lo que tengo”. “Esto es todo lo que tengo y esto te lo doy. Haz conmigo lo que quieras. Soy una barca. La vida es el océano. Arrójame a algún lugar. Intentaré navegar.” Este tipo de abandono, esta acción del Loco, es poderosa. Y a medida que os volvéis ridículos, a medida que abrazáis esta oscuridad, abrazáis también la luz que la sigue.

Pues verdaderamente en la Noche Oscura del Alma hay una luna que se pone y un sol que se levanta. Y ese sol es una gloria más allá de todo espacio y tiempo, que significa un Amor que creó todo lo que existe. Alentaríamos ese momento de abandono dentro de cada uno de vosotros en el que no solo digáis sino sintáis: “No mi voluntad, sino la Tuya.”

Porque veis, hay una naturaleza cíclica en la manifestación de cualquier tipo. A medida que el corazón del Creador late, las creaciones nacen y mueren. La única cosa que permanece, ya sea percibida o no, es esa Infinidad Inteligente que solo podemos llamar Amor en vuestro lenguaje, esa vibración que es el único gran Pensamiento Original o Logos, que es lo que sois, sin pasado ni futuro, sino simplemente un momento de ser que es infinito.

Regresad a esta conciencia cuando hayáis hecho vuestro trabajo con la mente, con las emociones; siempre sois las ramas que se extienden hacia las raíces de la vid, pues vuestras raíces son las del Amor perfecto. Y a medida que espiraléis cada vez más alto, seréis luz y oscuridad y luz de nuevo, una y otra vez. Y aquello que se ha convertido en una carga será desprendido una y otra vez, porque maduraréis no añadiendo cosas al yo, sino permitiendo que se desprendan del yo.

En el miedo, veis, uno acumula, se arma y se endurece. A medida que el Amor es capaz de tocar esas dificultades que se han cristalizado en el interior, ellas son sustraídas del ser ya completo, ya perfecto, que es vuestra realidad.

Nos damos cuenta de que lo que hemos ofrecido puede ser un consuelo escaso para aquellos para quienes este momento presente es un valle de lágrimas, y quisiéramos recordaros a cada uno que el amor del Creador solo puede expresarse, que el apoyo solo puede darse, por las manos que son de carne. Vosotros sois el Creador para quienes os rodean. Vuestro apoyo es la única manera en que el Creador puede apoyar dentro de la encarnación, dentro de la ilusión. Vuestras manos. Vuestra voz. Vuestra sonrisa. Vuestros ojos. Estas cosas son vuestros regalos para vuestros hermanos y hermanas.

La tristeza es esencial para esta experiencia que llamáis vida de tercera densidad. Pero vuestra actitud hacia este proceso de dolor, duelo y cambio puede crear para vosotros una paz que sobrepasa todo entendimiento. Animamos a cada uno de vosotros a ver ese cielo, aunque sea desde lejos, a saber que los ángeles y ministros que siempre os han amado, os aman ahora y están aquí para ayudaros, aunque invisibles, flotan cerca, esperando consolar, buscando maneras de confirmar cualquier destello de esperanza en vuestro interior.

Nunca estáis solos en este proceso. Este es un proceso cuidado y protegido, y el refugio sí existe. Que cada uno de vosotros ayude a los demás a encontrar el camino de regreso a casa.