El sendero sin sendero
Q’uo, 14 de abril de 1966
Pregunta del grupo: Nos gustaría saber cuáles son los pasos o etapas que son necesarios para lograr la cosecha y para caminar el sendero del buscador de la verdad. ¿Y de dónde proviene este deseo de caminar el sendero y ser un buscador de la verdad?
Somos aquellos del principio de Q’uo. Saludos a cada uno de ustedes en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Es nuestro privilegio y nuestra bendición ser llamados a este círculo de búsqueda. Y agradecemos a cada uno que nos ha permitido venir a compartir nuestros pensamientos con ustedes en este momento. Como siempre, pedimos que se recuerde que no somos infalibles, que no somos omniscientes, que no somos autoridades, sino viajeros en ese sendero sin pasos, que es el sendero espiritual. Y por ello pedimos que cada uno respete su verdad personal y tome aquellos pensamientos nuestros que le parezcan buenos, dejando el resto atrás sin pensarlo dos veces.
Pues cada buscador tiene dentro de sí esa brújula que indica cuándo la dirección es correcta, y pedimos a cada uno que use ese discernimiento y esa guía, y que confíe en ese sentir interior, no en ninguna autoridad externa. Pues cada uno es la autoridad de su propio sendero. Cada uno es verdaderamente el capitán de su propio barco en un océano cuyas mareas no son conocidas y sobre el cual no hay tierra firme. Cada buscador espiritual se lanza a un viaje de descubrimiento. Y sin embargo, cada isla de verdad, cada continente de descubrimiento, está dentro del buscador.
El viaje a través de aguas peligrosas es una ilusión necesaria, porque todos dentro de la tercera densidad habitan dentro de una ilusión pesada, y la manera de captar la naturaleza de esa ilusión y de utilizarla es también ilusión. Pues ¿no es todo la sombra de una Gran Verdad Original: el Amor, aquello que siempre permanece no manifestado, invisible, aquello que no puede ser aprehendido ni probado? Tal es la naturaleza del viaje espiritual.
En este día han pedido nuestros pensamientos acerca de cuáles son los pasos para lograr la cosecha, la cosecha de la tercera densidad. ¿Cómo pueden los buscadores aprender a soportar la intensidad y la plenitud de la luz que ilumina la ilusión de la cuarta densidad? Pues verán que todo lo que está a nuestro alcance es ilusión, y sin embargo cada cosecha entrega al buscador a una ilusión que está más llena de luz. Esa luz es la primera manifestación del amor.
Así que cuando decimos que todo es ilusión, no es para sugerir que exista una manera de salir de la ilusión. No, más bien sugerimos y animamos a cada uno a contemplar la búsqueda de aquella ilusión que contiene esa plenitud de luz que puede ser aceptada y sostenida a través de las circunstancias de cada día, cada hora y cada momento.
Este instrumento estaba diciendo antes que nadie es digno, y el conocido como Tom sugirió que todos son dignos. Y les decimos que, como sucede con todas las paradojas, esta es la marca de lo espiritual; esta es una señal de lo metafísico: paradoja y desconcierto. Pues cada afirmación es completamente verdadera según nuestro mejor entendimiento.
Nadie es “digno” si digno significa que uno ha logrado cierto número de comprensiones de modo que pueda pasar la prueba final. Nadie, mediante el aprendizaje, por más abstruso que sea, podrá aceptar la plenitud de la luz a través del conocimiento. Nadie es digno de entrar en una experiencia más plena y en una vida más amplia por el esfuerzo que haya realizado como entidad.
También es muy importante que cada uno se dé cuenta de que más allá y a través de todas las ilusiones, cada entidad es perfecta. Cada entidad es amada por el Creador. Cada átomo de carne, cada pensamiento, cada emoción es amado, aceptado y perdonado por el Amor mismo.
Así, la experiencia humana se equilibra entre la completa indignidad y la completa dignidad. Entre ambas se encuentra ese sendero sin sendero que cada buscador recorre.
Dijimos antes que su densidad es una de ilusión, y en verdad cada uno posee esa vestidura de carne que transporta una conciencia que es infinita y eterna. Mientras esta Conciencia habita dentro del vehículo físico, cada uno tiene un gran don que eclipsa a todos los demás dones, y ese es el don de lo que ha sido llamado presencia. Cada uno es consciente de que es consciente.
Esta autoconciencia abre una puerta que, una vez abierta, no puede ser atravesada en sentido inverso. La puerta se cierra para aquellos que han sido despertados al llamado de su naturaleza más profunda. Ahora bien, no todas las entidades están en una travesía conscientemente espiritual. No todas las entidades están listas para despertar a la responsabilidad de saber que son seres espirituales y que desean acelerar el ritmo de su aprendizaje o evolución espiritual.
Para aquellos que están dormidos, pedimos a cada uno que descanse tranquilo. Hay un tiempo y una estación para cada entidad, y cuando llegue ese momento, esa entidad despertará. Esa entidad comenzará a investigar qué es verdadero, qué es real, dónde está y hacia dónde va.
Para aquellos que han llegado a esta realización, para aquellos que se han embarcado en ese viaje del cual no hay retorno, les decimos que su mayor don es su encarnación. Cada uno de ustedes ha elegido estar en esta ilusión en este tiempo para aprender y para servir. Estos dos están interconectados, son dos caras de una misma moneda: el ser y el hacer.
La atención con tanta frecuencia está puesta en lo que uno está haciendo. ¿Dónde está el ministerio? ¿Qué hago para ser más espiritual? Y sin embargo, es la mera identidad de cada uno lo que constituye el gran don que cada uno tiene para ofrecer a este querido planeta en el cual disfrutan de la encarnación en este tiempo.
Veamos qué queremos decir con “conciencia”, qué queremos decir con “presencia”. La conciencia es, en verdad, conciencia del amor, pues el amor y las distorsiones del amor son todo lo que existe. Cada uno tiene una vibración nativa que es completamente congruente con el Logos que creó y formó los millones de universos infinitos.
Y cada uno, a través del proceso de asumir una encarnación, se ha inscrito en un período de servicio difícil pero gratificante. Esa conciencia, entonces, que algunos han llamado conciencia Crística o conciencia cósmica, habita dentro de ese recipiente de piel y huesos, músculos y pensamientos.
Cada uno se mueve dentro de esta configuración algo ajena, un espíritu atrapado, o simplemente de visita. La mayoría de las entidades pasan algún tiempo sintiéndose muy atrapadas, y sin embargo esta es una oportunidad que ustedes desearon intensamente. Este fue un viaje que planearon, estableciendo para sí mismos relaciones que ayudarían a enfocar su propio corazón y mente en aquellas lecciones de amor que ustedes mismos consideraron las más significativas y críticas para ustedes en este punto.
Y así, esa vibración básica de cada uno es el Amor mismo, distorsionado, contraído, controlado, podríamos decir, por las diversas maneras en que, por libre albedrío, la entidad ha elegido limitar o dar forma a la conciencia.
La manera de subir los escalones de la luz hacia una plenitud que es de cuarta densidad no consiste realmente en adquirir aprendizaje, sino en liberar aprendizaje, en soltar esas restricciones de contracción que ustedes han colocado sobre la conciencia para defender al yo. Cuando las entidades se apartan del corazón completamente abierto, por lo general no es por un motivo de ira, amargura u ofensa, sino más bien es un movimiento para defender al yo vulnerable que hay dentro.
Poco a poco, el sendero hacia la graduación en la cuarta densidad implica descubrir, equilibrar y liberar aquellas cosas de las cuales uno se retrae y contrae al yo para poder sobrevivir.
Verán, cada uno es como la nota, el tono o el complejo de tonos que conforman una armonía. Cada uno es una joya perfecta y a la vez única, una gema con facetas que han sido limpiadas, pulidas y moldeadas por el templado de esos hornos que consumen la distorsión. Estos hornos arden con mayor intensidad durante los tiempos de iniciación, cuando todo parece oscuro y hay desafío y lucha en el interior.
En estos momentos les decimos: regocíjense, pues han unido fuerzas con su destino. Han llegado a un tiempo de transformación. Tengan valor y sepan que la tristeza, el sufrimiento, la ira, la decepción y todas las emociones negativas que se sienten son oportunidades para que el proceso de templado actúe.
El horno del alquimista está diseñado para refinar el oro, para limpiarlo de aquellas cosas que no son oro. Pueden ver el proceso alquímico trabajando con la conciencia como ese fuego refinador en el cual la escoria es consumida, dejando ese precioso Pensamiento Original, puro, resplandeciente e intacto.
Llevan dentro de ustedes el mar de la conciencia. Todo lo que existe está dentro de ustedes. Todo lo que buscan yace esperando ser redescubierto.
Ahora bien, las lecciones de la tercera densidad son lecciones de amor, lecciones de conexión con otras entidades de maneras amorosas. Cuando uno ha despertado espiritualmente, se vuelve consciente de un mundo de sufrimiento. Un enorme clamor de dolor está por todas partes y no solo existe dentro del yo, sino que se encuentra cada vez que la entidad se extiende aquí o allá.
Toquen ese lugar. Dirijan la mirada hacia ese interés y encontrarán que el corazón humano también ha sufrido allí, y en ese sufrimiento todos son uno, así como todos son uno en la alegría perfecta y la paz del amor.
Y así, cada buscador danza entre distorsiones, eligiendo siempre que es posible encontrar el amor que está allí. Cada uno espera servir, y les aseguramos que esto es a la vez simple y casi imposible. Es simple en el sentido de que simplemente siendo quien ustedes son, están expresando amor, pues eso es todo lo que puede expresarse.
La pregunta es siempre: “¿Cómo daré amor?” Y les decimos que si intentan dar amor desde ustedes mismos, con sus propias energías, rápidamente se quedarán sin amor, pues dentro de su ilusión el amor es de suministro limitado. Sin embargo, no es necesario que nadie dé amor desde el yo.
Solo es necesario que aquel que busca servir quite al yo del camino de ese amor que llega en suministro infinito desde el Único Creador. Ese amor puede fluir a través del instrumento que está abierto y vacío, y el mundo sentirá esa luz sin saber de dónde proviene.
Sin embargo, aquel que es capaz de ser testigo de la luz, aquel que puede, si lo desean, ser un canal de amor, en ese esfuerzo y en ese deseo de servir ha alcanzado su mayor punto culminante.
Si uno desea acelerar la velocidad o el ritmo de su evolución espiritual, entonces simplemente intenta dedicar tiempo y atención al amor en la meditación diaria, escuchando el silencio interior. Uno entra en el santuario interno de su propio corazón y allí se alimenta de esa agua vivificante que pone fin a la inquietud.
Y a medida que uno se vuelve capaz, intenta cada vez más ver cada momento como un momento en el silencio, ver que todo es perfecto bajo ese ruido superficial y esa confusión que caracterizan a la humanidad mortal.
Encontramos que este instrumento desea ser políticamente correcto, y por ello estamos intentando recordar ambos sexos en lo que decimos, pero debemos decir que su lenguaje no está muy bien formado para esto. Así que por favor perdonen nuestros muchos tropiezos mientras intentamos encontrar una palabra que indique que tanto lo masculino como lo femenino son uno con el Creador Infinito.
Ahora bien, el servicio a otros es, una vez más, como siempre, paradójico, pues si uno sirve a otros, ¿no está sirviendo al yo, y viceversa? Quizás una forma de pensar en el servicio a otros sea pedirle al yo que espere, que escuche, y que se vuelva cada vez más consciente de lo que esa otra entidad desea.
Y cuando uno desea servir a esa entidad, entonces se pregunta a sí mismo: “¿Cómo puedo expresar amor al servir a esta entidad?” Hay muchas ocasiones en las que la única forma de expresar amor es permanecer en silencio, y en esa situación, eso es lo más amoroso que se puede hacer.
Cuando hay quizás una petición de otro, entonces uno simplemente responde a esa petición lo mejor que puede. Esta disposición a tomar tiempo para escuchar a otro es en sí misma un servicio, y animamos a cada uno a abrir esos oídos interiores que escuchan lo que esa conciencia está diciendo en el nivel de profundidad en el cual el yo y el otro se están expresando de la manera más verdadera.
Algunos solicitan aquellas cosas que parecen justas pero que, dentro del yo, se perciben como insuficientes, y en esas situaciones uno sirve mejor volviéndose hacia la oración para encontrar aceptación y amor.
Le damos a este instrumento la visión de los cielos estrellados a mitad del verano en una noche clara, muy clara. Al inhalar, ustedes inhalan el universo, y al exhalar, lo crean de nuevo. Cada uno es tan precioso. Cada uno es tan amado.
Sientan esa corrección, esa perfección que es la base de la conciencia. Inhalen y sientan cómo el corazón se expande. Exhalen y sientan cómo ese amor fluye a través de ustedes. Ustedes son la luz del mundo. Ustedes son las manos del Creador, las voces del Creador.
Deseamos una vez más agradecer a cada uno de los presentes por invitar nuestra presencia en este día. Nos sentimos profundamente complacidos de haber podido entrelazar nuestras vibraciones con las de ustedes y de haber expresado nuestros pensamientos y opiniones en respuesta a sus preguntas, las cuales hemos encontrado útiles en nuestros propios patrones de búsqueda.
En este momento nos retiramos de este instrumento y de este grupo, dejando a cada uno, como siempre, en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Somos conocidos por ustedes como aquellos de Q’uo. Adonai, amigos míos. Adonai.