Confederación

El poder de la gratitud

Q’uo, 19 de abril de 1998, Meditación dominical

Pregunta del grupo: Nuestra pregunta de esta semana concierne al concepto de la gratitud. ¿Cómo funciona la gratitud en el sentido espiritual o metafísico? Se dice que es una fuerza poderosa tenerla en el corazón, estar agradecido simplemente por estar vivo, por respirar y por servir al Creador. ¿Cómo afecta la gratitud a nuestro crecimiento espiritual, incluso en las peores situaciones?

Somos aquellos del principio conocido por vosotros como Q’uo. Os saludamos en el amor y en la luz del único Creador infinito. Bendecimos y agradecemos a cada uno de vosotros por todo lo que habéis hecho para llegar a este círculo de búsqueda en este momento, por todo lo que habéis sacrificado y las elecciones que habéis hecho que os han traído, como buscadores de la verdad, a sentaros juntos y a abrir vuestros corazones los unos a los otros, al universo cuyos ciudadanos sois, y a aquellos pensamientos nuestros que puedan seros de utilidad. Verdaderamente nos habéis dado una gran bendición y un gran regalo. Esperamos que aquellos pensamientos que compartimos con vosotros os sean útiles. Si algún pensamiento no os agrada, simplemente os pedimos que lo soltéis y lo olvidéis, pues no tenemos autoridad sino que, más bien, somos como vosotros: peregrinos que compartimos aquello que hemos llegado a sentir como nuestra verdad, con la esperanza de que también pueda ser un recurso para vosotros. Como siempre, alentamos vuestro cuidadoso discernimiento al escuchar cualquier opinión, pues no hay autoridad tan grande como aquella que reside dentro de vosotros y que sabe qué es lo vuestro.

Preguntáis en este día acerca de la gratitud, del agradecimiento. El corazón interior desea experimentar únicamente una cantidad cada vez mayor de soledad, paz y belleza, pero aquello que el mundo parece ofrecer está abarrotado de muchas personas diferentes, con muchas opiniones distintas, y ciertamente parece estar lejos de ser pacífico, ya que las vigas y cabrios de vuestro propio interior mental personal tiemblan y se tambalean bajo las muchas confusiones que reinan y que siempre tendrán dominio sobre la encarnación y sobre la experiencia a lo largo de la encarnación. Pues, en verdad, nadie que toma encarnación en un planeta de tercera densidad espera una existencia clara y pacífica, sino que, más bien, espera estar completamente confundido y, sin embargo, recordar de algún modo aquellas verdades que solo pueden conocerse por la fe, que solo pueden recordarse por la fe, y que solo pueden dar lugar a esperanza, alabanza y gratitud dentro del corazón transformado.

Es esa transformación de la experiencia la que cada uno espera una y otra vez dentro de la experiencia encarnacional. Y cuando cada uno de vosotros mira hacia atrás sobre patrones que se han completado en el pasado, cada cual puede ver la resolución de confusiones aparentemente insuperables de maneras que fueron inesperadas y, sin embargo, elegantes, difíciles y, no obstante, bellas. Tal es la cualidad agridulce de la realización en medio del mar de confusión que es la realidad consensuada dentro de vuestro mundo terrenal.

¿Qué es el espíritu para que deba ocuparse de cosas tales como la alabanza y la acción de gracias? Es en este nivel tan básico donde tantos entre vuestros pueblos no pueden lidiar con la cuestión de la vida misma. ¿Qué es el espíritu interior para que deba tomar carne y ser arrojado a un mundo de sensaciones que sobreestimula al espíritu con un glorioso desorden y confusión desde el instante en que despierta en el plano terrestre hasta aquel momento en que el último aliento abandona el cuerpo? ¿Qué es esta entidad para que deba sentir algo, positivo o negativo? Es al enfrentar esta cuestión de la identidad donde debe comenzar la búsqueda de la verdadera gratitud. Pues justo aquí, precisamente en ese punto donde la lámina está bajo el microscopio, allí, en ese primer destello de luz de aquello que cambia, obtenemos el primer aroma de los peligros y las glorias de este proceso efímero y demasiado breve de la encarnación. Cada uno de vosotros comienza con esa chispa de luz que es vuestra esencia y vuestro núcleo. No es en modo alguno diferente ni menor que el propio Creador, pues ella, como todas las cosas, es amor infinito y divino.

La arcilla de la cual habéis sido formados expresa ese amor, pero no es ese amor. No hay nada acerca de cada uno de vosotros que pueda tomarse y decirse: “Esta es la esencia de esta persona”. No, vuestra esencia está mucho más cerca de vosotros que vuestro cuerpo, es mucho más parte de vosotros que vuestra respiración, o vuestro latido del corazón, o el fluir de la sangre por vuestras venas. Vosotros sois amor. Es esta identidad la que es la única explicación para la alabanza y la acción de gracias, para cualquier expresión positiva o negativa. Cuando uno puede darse cuenta, aunque sea momentáneamente, de esa identidad profunda interior, de esa congruencia con el Logos mismo, el buscador entonces tiene los pies sobre terreno firme y puede decirse a sí mismo, y en respuesta al mundo tal como se le presente: “Yo soy amor. Estoy en un estado de completa confusión. Pero soy amor. Esta es mi naturaleza. Lo tomo por fe”. Cuando uno puede comenzar con esta medida de confianza, entonces es capaz de moverse hacia esa actitud que este instrumento llamaría el camino positivo o el camino del servicio a los demás.

Si uno piensa para sí: “Soy responsable. Yo hice estas cosas”. O bien: “Estas y aquellas cosas me fueron hechas”, entonces uno se ha vuelto dispuesto a comenzar, no desde ese lugar de amor, sino más bien desde un lugar donde se han puesto máscaras y se está representando una obra teatral. Una vez que uno se ha movido a ese nivel de interacción y a las diversas respuestas al catalizador del otro que caracterizan las relaciones, ya no se tiene un camino rápido o corto hacia ese lugar positivo de descanso interior que sabe: “Yo soy amor”. Y: “El Yo Soy que soy yo es el Yo Soy que eres tú”.

Sin este sentimiento del yo como amor, uno simplemente comienza a verse a sí mismo como situado de tal o cual manera y procurando situarse de tal o cual manera. Entonces el yo tiene una historia que no está siendo creada en ritmo y de acuerdo con el paso a menudo lento del destino, sino que más bien el yo está creando al yo con máscaras en un nivel que no llena el corazón.

La conversación previa a esta meditación tocó varias veces las muchas maneras en que ese sentimiento de humilde agradecimiento llega a uno como una bendición y una visita especial, muy semejante a la lluvia de primavera que alimenta a las plantas jóvenes. Alentamos a cada uno de vosotros a estar dispuesto, al reflexionar sobre este tema de la identidad, a verse a sí mismo como una entidad profundamente impersonal y profundamente verdadera. Pues en verdad cada uno de vosotros es aquello que está más allá de la personalidad, y si el espíritu puede descansar en esa identidad más básica y profunda, de allí brotan, a partir del tiempo y la atención dedicados aquí, una fortaleza y una flexibilidad de las respuestas emocionales que forman parte del ritmo de la fe.

A menudo somos conscientes del grado de sufrimiento entre vuestros pueblos. El dolor de vuestros pueblos es grande, y el anhelo por aquello que es recordado es grande. Hay un hambre de cosas celestiales, como este instrumento lo llamaría, una sed por ese alimento y esa bebida que nutren el alma, y sin embargo, de tantas maneras, el corazón inquieto no puede encontrar suficiente quietud para conectarse con ese gran corazón de amor, él mismo, que es la fuente y el final de cada chispa de luz dentro de la creación infinita.

Cuando las entidades intentan sentir gratitud, bien pueden fracasar, pues la gratitud no es aquello a lo que se pueda llegar de frente con la mayor efectividad, sino que, más bien, un sentido de agradecimiento o gratitud llega como un flujo natural o emanación del alma que está dispuesta a estar quieta y permitir que el mundo encuentre su equilibrio dentro del yo. Esto no es algo que sea fácil de hacer para quienes están dentro de la encarnación, pues vivir sin fe es aquello que es enseñado y practicado por vuestra cultura, no aquí y allá, sino como regla general. A los jóvenes dentro de vuestra cultura se les enseña a trabajar, a dar un buen esfuerzo, a seguir ciertos caminos para promover la ambición. Al alma se le enseña que el valor está en lo que uno hace, y así cada espíritu en crecimiento se enfrenta a sí mismo, intenta encontrar aquello que generará el dinero, intenta prepararse para hacer esto, y luego pasa la vida siguiendo una determinada carrera, profesión u oficio. Y a medida que uno avanza por los diversos obstáculos que parecen surgir día tras día en el ejercicio de estas diversas profesiones y trabajos y demás, la entidad que es capaz de ayudar o facilitar una u otra de estas ambiciones es vista como alguien a quien agradecer, mientras que aquellos que son obstáculos que parecen interponerse entre el yo y la ambición son vistos como irritaciones y de ayuda negativa.

Cuando nosotros, o cualquier entidad, intentamos hablar sobre asuntos espirituales, a menudo nos vemos tentados simplemente a contar historias, pues dentro de las historias hay aquello que las palabras por sí solas no pueden expresar. Y al tratar con la gratitud, quizá la historia con la que este instrumento está más familiarizado es la historia del hijo pródigo. Hay varias maneras diferentes de ver esta pequeña historia que fue contada por el maestro conocido por vosotros como Jesús. En esta historia, los hijos de un hombre rico tienen dos naturalezas diferentes. El hijo mayor es el buen hijo, y este hijo nunca piensa en otra cosa que no sea quedarse en casa y trabajar en la hacienda familiar. Sin embargo, el hijo menor es impaciente por divertirse y está listo para pasarla bien en su vida. Y así, este hijo menor pide a su padre su herencia. Ha decidido que desea ir a la ciudad y divertirse. El padre está dispuesto a darle a su hijo menor la parte justa de la fortuna acumulada que tiene para ofrecer.

Y así el hijo pródigo se marcha a la gran ciudad y se entrega a diversos excesos hasta que queda sin dinero, sin hogar y desolado. Finalmente, el joven se ve reducido a vivir con los cerdos, comiendo lo que se les da a los cerdos para poder seguir con vida. Y se le ocurre a este hijo pródigo: “Sabes, podría volver al campo, a la casa de mi padre. Por supuesto, no me aceptaría de nuevo, pero podría ser un esclavo y comer mucho mejor que esto, porque mi padre trata a sus esclavos mucho mejor que así”. Y entonces se pone en camino, pero cuando el padre lo ve venir se llena de gran alegría y ordena que se prepare un gran banquete. Ahora el hijo mayor siente muchos celos de esto y dice: “Caramba, papá, yo he estado contigo todo el tiempo. Siempre he sido un buen hijo. He hecho todo lo que querías que hiciera. Nunca mataste un ternero engordado por mí, y aquí estás haciendo una gran fiesta para mi hermano idiota que nunca hizo nada”. El padre dice: “¿Pero no lo ves? Yo pensaba que no tenía hijo y ahora lo tengo”.

Mira la gratitud en todas estas personas. El padre está agradecido porque ha recuperado al hijo que ama. El hijo pródigo está agradecido simplemente por ser aceptado de nuevo como esclavo, y mucho más como hijo menor. Y mira el corazón endurecido, el dolor del hermano mayor que no siente el amor de su padre, ya que nunca ha hecho nada malo por lo cual su padre haya tenido que perdonarlo.

Cada uno de vosotros es un pródigo. Cada uno de vosotros ha desperdiciado cosas preciosas. Cada uno de vosotros busca de manera profunda y humilde regresar a la casa del padre, a ese lugar de amor que es incontaminado y puro. Pues en ese estado la gratitud es natural y fluye sin esfuerzo, y esta es una gran verdad para cada uno de vosotros: que sois profundamente amados, que sois bienvenidos a pesar de cualquiera y de todos los fracasos, y que el creador da verdaderamente grandes gracias por vosotros. En verdad, se requiere el movimiento del pensamiento desde el pequeño yo experimentado en lo cotidiano hacia ese yo que cada uno sabe que es un yo más verdadero y más profundo.

Mirando la vida desde el punto de vista del yo cotidiano, casi nunca hay una experiencia completamente libre de problemas o de preocupaciones. Casi nunca hay una razón para sentirse completa o profundamente agradecido. Y sin embargo, si uno puede regresar a ese yo pródigo que vuelve a casa, puede ver que toda la experiencia es tal que la única respuesta es la acción de gracias y la alabanza.

¿Por qué es tan poderosa esta gratitud? Simplemente porque es la verdad. En verdad, todo lo que os ocurre es un regalo. Cada situación os entrega a las hermanas y hermanos de la experiencia: la Hermana Tristeza, el Hermano Dolor. La lista es diferente para cada entidad. El Hermano Ira. La Hermana Depresión. Cada espíritu tendrá sus propios invitados que parecen, en verdad, difíciles de acoger, y sin embargo cada uno de estos invitados viene con grandes regalos para daros. Existe una rebelión natural contra tener que ver las cosas desde una perspectiva tan profunda. La mente no quiere moverse a este nivel donde puede verse que todas las cosas son regalos. La mente quiere distinguir entre las cosas. La mente quiere tomar decisiones y apilar todo en montones ordenados y prolijos. “Esto es aquello. Esto es lo otro. Esto es algo completamente distinto”. Pero esa chispa del yo verdadero dentro de vosotros está siempre lista para expandirse e iluminar el espíritu interior, el corazón interior.

Cada entidad, cada espíritu que ha tomado carne, llega a la experiencia de la encarnación con una agenda, con la esperanza de aprender y la esperanza de servir. Parece muy simple antes de la encarnación, todo este recordar de las cosas a través del velo. Y no es tan simple, pues el velo ciertamente está ahí y es ciertamente apropiadamente grueso e impenetrable. Pero para aquellos que pueden vivir dentro del corazón abierto, que pueden enfrentar las dificultades del día desde ese lugar del corazón abierto, existe la oportunidad de ver cada día como parte de una danza que es demasiado breve, una danza de ritmo y gracia, una danza de vivir, sentir y expresar la verdad interior.

Esperamos para cada uno de vosotros la gracia de ver dentro de ese patrón rítmico y vigoroso que está preparado para que lo recorráis. Que cada uno de vosotros tenga el coraje de esperar, cuando se sienta correcto, de esperar aunque para el mundo esto no tenga sentido. Pues si cada uno de vosotros puede permanecer dentro del corazón y puede percibir la deleitosa ritmicidad de las cosas, esa actitud de gratitud llegará con mayor y mayor facilidad hasta que finalmente podáis experimentar días enteros tal como realmente son: un momento, un “ahora” que es siempre fresco, siempre bello y siempre perfecto.

Que aprendáis a expresar esta fe mediante una creciente firmeza en sostener esa actitud que tiene su fuente en la chispa del amor mismo. Pues la actitud que lleváis a vuestra experiencia marcará una gran diferencia en esa experiencia, y cada momento que pasáis intentando centrar el yo y equilibrar el yo, volviendo siempre una y otra vez a ese centro de amor interior, cada momento es una experiencia de la verdad. Nos damos cuenta de que este es un concepto difícil de trabajar con palabras, pues el contenido emocional del agradecimiento es mucho mayor de lo que las palabras pueden expresar. El poder de un corazón agradecido es verdaderamente infinito. Que vuestro corazón tenga ese gran beneficio de vuestra protección, de vuestro cuidado de ese yo espiritual interior que anhela cada vez más danzar la danza de la encarnación con ritmo, gracia y belleza.

Yo soy Q’uo, y una vez más quisiéramos agradecer a cada entidad presente por invitar nuestra presencia a vuestro círculo de búsqueda en este día. Es siempre un gran privilegio para nosotros ser invitados a vuestra reunión de meditación, pues en estas experiencias somos capaces de tener nuestro ser dentro de vuestra ilusión y somos capaces de ver al creador en cada entidad y en cada actividad, observando el efecto de la ilusión sobre el amor. Recordaríamos a cada uno que no hay entidad alguna que camine este sendero sola. Pues cada persona de vuestra población planetaria tiene un guía, un maestro, un consejero, un amigo, y muchos de ellos que acompañan a cada uno en este viaje.

Dentro de esos momentos de meditación, de oración y de contemplación, retiraos allí para hablar con aquellos que caminan con vosotros y que os ofrecen manos invisibles en tiempos de necesidad. Somos conocidos por vosotros como aquellos de Q’uo, y dejamos a cada uno de vosotros en el amor y en la luz del creador infinito. Adonai, mis amigos. Adonai.