Equilibrando distorsiones
Q’uo, 7 de julio de 1991
Pregunta del grupo: ¿Cómo procedemos cuando hemos comenzado a aceptarnos a nosotros mismos y las distorsiones que sentimos? ¿Cuál es el siguiente paso para que podamos lograr de manera más fácil y plena el equilibrio de todas estas distorsiones, de modo que la luz se mueva a través de nosotros de una forma que nos permita irradiarla a otros, en lugar de retenerla en una forma distorsionada en un centro energético en particular?
Yo soy del principio conocido por ustedes como Q’uo.
Saludos, amor, luz y bendiciones para cada uno de ustedes. Hemos ayudado suavemente al vehículo físico de este instrumento a entrar en una configuración mucho más relajada de la que podía lograr conscientemente, y por ello seremos algo mesurados en nuestra manera de hablar; sin embargo, nos complace saber que esto no crea dificultad alguna para este bendito grupo de buscadores de la Verdad.
La cuestión central de la conciencia es su definición; y la preocupación central de aquellos que desean trabajar en la conciencia es ser lo suficientemente conscientes de esa definición para que la búsqueda se vuelva centrada y enfocada. Cuando hablamos la última vez acerca del camino espiritual y nos movimos aparentemente hacia atrás hacia material subyacente relacionado con los procesos de percepción, nuestra intención fue comenzar un diálogo en el cual cada interrogador pudiera contemplar los medios mecánicos, así como metafísicos, de llevar a cabo un plan de desarrollo como buscador, de la manera más lúcida posible. En consecuencia, sentimos que necesitábamos recalcar a cada buscador la enorme sutileza del proceso mediante el cual cada uno reúne la información que luego se utiliza para comprender hacia dónde se mueve esta conciencia, dónde vive, dónde se regocija y vive plenamente por debajo, por encima y más allá de toda limitación percibida.
Es común que quienes buscan asuman que su papel en la búsqueda tiene algún sesgo emocional previsto que parecería notablemente metafísico o espiritual. Sin embargo, los fijamos en el punto desde el cual pueden contemplar el proceso mecánico de la percepción; pues, si la conciencia es pero no es percibida, esta conciencia es infinita e inteligente, pero sin forma alguna.
Cada buscador percibe un enorme entramado de forma y sustancia, no solo alrededor de cada órgano, hueso y músculo de sus vehículos físicos, sino también de cada tierno brote de nuevo pensamiento, de cada verdad que parece mayor. Es bueno que los buscadores serios comiencen mirando de frente la imposibilidad de llegar a controlar, de manera definitiva, la percepción. Si los buscadores espirituales, o cualquiera que experimente la tercera densidad, colocan dentro de su inteligencia la estimación de que la inteligencia entregará respuestas correctas, esa entidad ha cometido un error fundamental. Cada buscador percibe pobremente. Cada buscador planeó percibir pobremente.
Así pues, al comenzar este día, les pedimos que se vean a sí mismos con compasión. Pues por cada verdad que puedan sentir que conocen, hay mil sesgos que se han movido dentro de la red de sus energías y se han solidificado de alguna manera que solo refleja débilmente la conciencia real que cada buscador es. Ustedes no son materiales defectuosos. La mejora de la búsqueda espiritual no depende particularmente de la exactitud de las percepciones observadas, ya que todas las percepciones serán, en un grado muy lineal y visto mecánicamente, sesgadas e imperfectas.
Así, a medida que uno trabaja conscientemente para formar una experiencia de vida cada vez más auténtica y verdadera, debe moverse hacia una humildad auténtica con respecto a la naturaleza de este salón de clases particular del cual ahora disfrutan.
Descansemos en paz y en la autocompasión, en la verdad que es lo más cercana a la verdad: que no existe ninguna necesidad de volverse más sabio, más maduro, más especial, a medida que se recoge la cosecha y la abundancia de las lecciones aprendidas. Ustedes, en efecto, tienen cosecha cada día en su experiencia. Ustedes, en efecto, la almacenan y trabajan con ella. Pero comiencen desde este punto: que son conscientes de que el trabajo que pueden hacer será hecho tan bien como cada uno pueda hacerlo, y será percibido de manera imperfecta.
Una elección fundamental de la experiencia de tercera densidad es la decisión de volverse individuo de una manera aparente y burda. Cuando dos manos se encuentran, no se unen orgánicamente para formar un ser con cuatro manos y dos cuerpos. Ningún individuo toca a otro en el sentido más profundo; y, sin embargo, todos los individuos son ustedes, de modo que al percibir los caminos de los demás ustedes se encuentran entonces en su mayor habilidad para discernir su propia sensibilidad espiritual. La entidad de tercera densidad no puede percibir con claridad porque es imperceptible que solo hay un ser y que cada uno de ustedes es el “YO SOY”.
Así, ustedes miran el espejo oscuro de sí mismos y encuentran la necesidad de refrescar el yo, tal como uno se ve a sí mismo en la interminable serie de espejos distorsionados y defectuosos que pueden encontrarse en un carnaval. Pueden verse altos o bajos, gordos o delgados, extraños o encantadores; pero todos los espejos del yo son defectuosos. Ese defecto continúa cuando la entidad observa a otros; sin embargo, cuando el buscador observa a peregrinos en el mismo camino, la separación artificial crea una claridad espuria pero útil, al ver en otro un espejo mucho menos distorsionado. En consecuencia, una herramienta que puede usarse en cualquier momento para centrar y enfocar el yo en el aprendizaje es contemplar a ese yo aparentemente separado desde un punto de vista más impersonal y, de este modo, verse a sí mismo.
¿Qué han dicho hoy acerca de otros? ¿Qué han pensado acerca de sus compañeros? Sea lo que sea, solo fue aparentemente una consideración de un otro yo. Fue, de manera mucho más profunda, un examen del yo en el espejo que otro yo les ha ofrecido. Esto nos lleva a sugerir que, aunque la persistencia y la determinación son absolutamente fundamentales para trabajar dentro de la conciencia espiritual, hay mucho, mucho más que entra en las ecuaciones del aprendizaje. Quiten entonces al yo de la púa, aléjenlo del anzuelo del propio juicio.
Ustedes no vinieron aquí a memorizar lecciones. Vinieron a esta arena de elección para ser una elección, no simplemente para adoptar un punto de vista. La adopción de un punto de vista es cerebral. El ser, o la esencia, o la vitalidad del yo está más allá de las palabras. Simplemente es.
Es, por supuesto, una tarea difícil aprender cualquier cosa y doblemente difícil cuando todos los libros están abiertos pero no hay iluminación con la cual leer las respuestas simples, generosas y hermosas del libro de texto. Solo pueden sostener ese Libro de la Verdad que es la sabiduría de su corazón en una conciencia confiada y así entregarse a sí mismos a sí mismos mediante su autocompasión, para que esta amada sabiduría comience a suavizar aquello que es ustedes, no aquello que piensan, ni aquello que sienten, ni aquello que hacen, sino aquello que es. Ustedes son un verbo, no un sustantivo. No son una cosa. Ustedes son.
La simplicidad de este ser elude a la mente y se niega a obedecer cualquier forma particular de comportamiento. A medida que el buscador avanza por este camino percibido por el yo, actúa y piensa y habla y cree que es esas actividades, no habiendo evidencia en contrario; pero, cuando se gira y enfrenta las inevitables distorsiones implicadas en el propio proceso de percepción, es más fácil ver que el camino del buscador no va a ajustarse a ningún resultado planificado o conscientemente deseado, a menos que ese resultado sea un fruto natural de su ser particular.
Pedimos a todos los buscadores que retiren de sí mismos la petición de tener más o menos comodidad, más o menos conciencia percibida, o más o menos de cualquier cualidad valorada, pues cada uno de ustedes es ahora infinito y, en este momento, es todas las cosas.
Imaginen esta totalidad de ustedes. Su conciencia intenta empacar el equipaje que puedan llevar a lo largo de este camino de búsqueda. ¿Puede poner en él el cielo, la luna, las estrellas, el universo, la pregunta, el misterio? ¿Puede alguna maleta del yo contener la carga de lo imperecedero? No, amigos míos. Este salón de clases continuará mientras cada uno esté dispuesto a ponerse a sí mismo a la tarea de ofrecer falsedad tras falsedad y problema tras aflicción, además de todas las cosas gozosas; pues la maleta que llevan es una maleta llena de sus máscaras, pero ustedes no están en la maleta.
Ustedes simplemente llevan consigo en este salón de clases una colección de personas, de máscaras, de comportamientos que han parecido útiles y esperanzadores en elecciones pasadas.
Cuando uno entra al primer grado, espera tener cierta dificultad para aprender el alfabeto, la escritura, las matemáticas simples de los días de la infancia. Dentro del sistema escolar de sus pueblos, se reconoce que a medida que cada entidad avanza hacia estudios que conducen a la obtención de un diploma que indica una habilidad en el estudio, las lecciones se vuelven cada vez más complejas, difíciles, desafiantes e interesantes; quizá el estudiante de posgrado se queje del aumento de la dificultad para producir lo que parece ser excelencia; sin embargo, el estudiante de posgrado no se siente traicionado porque el aprendizaje superior sea más difícil que memorizar sumas o la ortografía de palabras.
La encarnación, a medida que avanza, de lado, en círculo, o según el modelo que su verdad les diga que están recorriendo, estará ofreciendo constantemente desconcierto, dificultades y muchísimas preguntas sin respuesta. La esperanza de quien espera conocer la Verdad es simplemente esa.
Dentro de su ilusión de tercera densidad parece que, si uno se vuelve sabio, en esa misma medida se volverá más cómodo; sin embargo, el verdadero aprendizaje tiene como sello distintivo la incomodidad. Miren con suavidad el cuerpo que los porta. Sientan los puntos de presión mientras están sentados. Sientan la respiración, la musculatura, la saliva en la boca, el ruido en los oídos, todas las muchas y variadas sensaciones de este entorno particular. Sientan el peso de los pensamientos que no se van, incluso en la discusión más interesante. Sientan al yo deseando delimitarse, crear límites, definir diferencias, expresar singularidad. Vean la inquietud que esto causará a la conciencia, pues, en la medida en que cada uno se percibe como único, en esa misma medida se percibe con distorsión.
Deseamos darles herramientas que puedan usar para amar más plenamente al Amor que es ustedes, que es todas las demás cosas, que ciertamente es. Ustedes son como un pequeño jarrón, quizá bellamente hecho, quizá elaborado con cierta torpeza, pero un buen jarrón hermético. Ustedes ven el jarrón. Ustedes son la flor. Nunca se verán a sí mismos como flor. Verán el jarrón, el cuidado del jarrón, el riego, la limpieza, el movimiento hacia la luz.
Así, la primera herramienta que ofreceríamos cuando una entidad percibe incomodidad y agonía es sugerir que la entidad deje caer todos los hechos conocidos acerca del yo, que permita que esa estructura, ese jarrón, sea solo eso: aquello que sostiene una conciencia inefable y singular, y la sostiene en común con toda la creación.
Pueden, sin deshonrarse espiritualmente, ser críticos con el jarrón. Pueden santificar y honrar el privilegio de ser el contenedor de una conciencia autopercibida. Pero conocer la flor que es su conciencia no es parte de su experiencia de toma de decisiones; pues, si supieran sin ninguna duda que ustedes son la flor, ¿por qué necesitarían el jarrón? ¿Por qué habrían de haber cortado alguna vez esta flor de la raíz de todo lo que es? ¿Por qué, sino para contemplar no su flor —pues interiormente están ciegos— sino la flor que son todas las demás entidades, que es ustedes?
Miren de nuevo todo lo que han visto este día. ¿Ven el jarrón? ¿Juzgan el jarrón? ¿Notan el florecimiento, la flor, aquello que está en cada rostro que ven? Esta densidad de toma de decisiones está destinada a moverse tan rápidamente como el buscador lo desee a través de las diversas lecciones de aprender a amar la flor de la conciencia y a abrazar la conciencia.
Ustedes son el que observa y ustedes son el observado. Cuando las emociones están a flor de piel y el agotamiento espiritual es profundo, pueden desear no ser este jarrón y no tienen que ser el jarrón que son. La flor es inmutable, inalterable y eterna; y ustedes están aprendiendo cómo valorar esa flor, no porque sea ustedes, no porque sea algo que hayan llamado el Creador, no por ninguna razón, sino porque eso es todo lo que hay. Y en estas vidas de toma de decisiones están dando forma a ese regalo para ustedes mismos que es el receptáculo más hermoso para el amor que puedan crear.
Cada dificultad, cada decepción, cada dificultad percibida es, a su manera, verdadera. Los jarrones se agrietan, se rompen, deben hacerse de nuevo, deben desecharse y comenzar otra vez, deben retocarse; pero ustedes no están trabajando sobre el amor; están trabajando sobre cómo honrar el amor. Permitan que esta sea su primera herramienta cuando su jarrón emocional parece agrietado y torcido y completamente fuera de forma: sepan que pueden devolver esa vasija a la arcilla húmeda y blanda, hacer el corte, y volver a cortar y volver a cortar su vasija de nuevo. Forrenla como deseen; píntenla; esmáltenla; cuézanla; adórnenla con joyas, o sean sencillos sabiendo que el amor no necesita decoración.
Pero están a salvo. Estas cosas le están ocurriendo al jarrón, al vehículo que porta el brote de una conciencia inefable y perfecta. Los jarrones pueden chocar entre sí y sonar y estrellarse y acomodarse en muchísimas configuraciones. El brote es siempre el brote. No teman la pérdida, pues solo tienen arcilla que perder. Ustedes son el brote. Descansen, hermoso, hermoso brote. Descansen.
Yo soy Q’uo, y estamos profundamente agradecidos a quienes se sientan una vez más dentro de este círculo de búsqueda por invitar nuestra presencia, la cual compartimos tan plenamente como nos es posible. A través de este compartir sentimos una gran alegría, pues es el medio por el cual se nos permite conocer y servir a otra faceta del Único Creador y, de ese modo, enriquecer la experiencia de nosotros mismos, del Creador y, esperamos, también la experiencia de aquellos a quienes servimos. Tomaremos ahora nuestra despedida de este grupo, dejando a cada uno, como siempre, en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Somos conocidos por ustedes como aquellos de Q’uo. Adonai, amigos míos. Adonai.