Haciendo la elección de polaridad
18 de mayo de 1997
Pregunta del grupo: ¿Podrían hablarnos acerca de la Elección, cuánto hacemos de manera consciente y cuánto de manera subconsciente, qué descubrimos a medida que avanzamos por nuestras vidas cuando consideramos ser de servicio a los demás? ¿Qué hay de entregar la propia identidad al servir a otro en lo que se llaman relaciones de codependencia? ¿En qué se diferencia esto del verdadero servicio? ¿Qué es realmente lo que estamos haciendo cuando tomamos cualquier decisión?
Somos aquellos del principio conocido por ustedes como Q’uo, y los saludamos a cada uno en el amor y en la luz del único Creador infinito a quien servimos. Bendecimos y agradecemos a cada uno por tomar la decisión de ser parte de este círculo de búsqueda y por invitarnos a compartir con ustedes nuestras humildes opiniones. Nos hace muy felices compartir con ustedes. Es por esta razón que nos encontramos dentro de sus planos internos en este momento. Es de gran servicio para nosotros que se nos permita hablar a través de este y otros instrumentos, pues este es nuestro medio de ser de servicio en este tiempo, y ustedes hacen posible este servicio. Así, ustedes nos enseñan mucho más de lo que nosotros a ustedes.
Como siempre, les pedimos una cosa, y es que disciernan cuidadosamente al escucharnos a nosotros y a cualquiera que busque ofrecer sus puntos de vista y pensamientos, pues cada entidad es guardiana y custodio de su propio corazón y alma, y cada una tiene dentro de sí la capacidad de discernir, la capacidad de reconocer su verdad personal. Si tenemos la fortuna de ofrecer un pensamiento que sea un recurso o una herramienta, somos felices, pero si no lo hacemos, somos igualmente felices si dejan de lado nuestros pensamientos y continúan, pues verdaderamente deseamos que cada uno encuentre su propio camino, ya que cada uno es tan único como un copo de nieve, tan cristalino y tan delicado.
En este día desean considerar esa elección que es el sello distintivo del mundo de tercera densidad que ahora disfrutan. Y ciertamente esta densidad es una de elecciones interminables, pero miremos primero la primera elección, y esa fue la elección del Creador de conocerse a Sí mismo. Al elegir conocerse a Sí mismo, el Creador lanzó desde Sí innumerables e infinitas chispas de amor que se fusionaron en cada conciencia que mora dentro de la conciencia infinita. Cada una de esas chispas de conciencia es el Creador y, sin embargo, debido a que el Creador eligió el libre albedrío en la manifestación de chispas de Sí mismo, cada chispa es única y lo ha sido desde antes de que comenzara el tiempo. Cada uno de ustedes es eterno y, en muchos sentidos, inmutable, un ciudadano de naturaleza infinita, de valor y dignidad. Cada uno es un holograma del Creador y, sin embargo, cada uno es diferente.
Así, la elección que dio origen a cada uno de ustedes fue una elección de conocer la verdad, de conocerse a sí mismo, y así como el Creador es amor, así también cada entidad es amor. Esta es la verdad central. Esto es aquello que no cambia. Sin embargo, esto es aquello que siempre está envuelto en misterio. Cada uno dentro de este círculo ha pasado por muchos planos de existencia, ha aprendido mucho, y cada uno dentro de este círculo eligió no solo esta encarnación que ahora está experimentando, sino también ese elenco de personajes con quienes cada entidad interactúa en la familia, en las asociaciones cercanas de amigos, y con todos aquellos que tienen conexiones significativas con el ser. Hubo acuerdos hechos antes de la encarnación, más notablemente con los padres y con aquellos dentro de los vínculos de parentesco de sangre y de comunidad de intereses. Cada dificultad, cada encrucijada que deja a uno en la posición de verse forzado a descubrirse a sí mismo, ha sido colocada no por una mano que desea castigar, sino por una mano del yo amoroso que desea servir cada vez más profundamente, cada vez más puramente.
Antes de la encarnación, a cada uno de ustedes le parecía que recordar quiénes eran y por qué venían sería posible, incluso que podría ser fácil. Tal es la actitud de quienes contemplan algo desde afuera. Con el primer aliento tomado como un infante recién nacido en un mundo extraño, cayó el velo del olvido de quiénes son y hacia dónde van. Y la ilusión, una ilusión excelente, se convirtió en aquello que era real. Y sin embargo, dentro de cada uno de ustedes había esa conciencia de que esto no era del todo como debería ser, de que esta cultura, esta manera de ser, de relacionarse y de vivir era significativamente diferente y sustancialmente menos armoniosa de lo que cada uno recordaba de algún modo en lo profundo del ser. Y así nació un descontento divino en cada pecho, una inquietud con la ilusión superficial, un deseo de penetrar ese velo del olvido y llegar a una realización honesta y auténtica de quién es cada entidad. Y hacia dónde va. Y por qué.
Hay un hambre que se apodera del espíritu cuando ha recuperado una cantidad suficiente de esa memoria que no puede ser completamente velada. Y así, cada uno que escucha estas palabras ya ha tomado decisiones difíciles, decisiones sacrificiales que permiten que el proceso de búsqueda gane impulso y llegue a ser más valorado dentro del patrón de vida.
Somos conscientes de que cada uno está bastante familiarizado con la elección de servicio a sí mismo o servicio a los demás, que es la elección fundamental de esta densidad en particular. Además de esta elección de servicio, hay un componente que tiene que ver con la pureza o la extremidad del servicio. A menudo hemos llamado a este aspecto de la elección polaridad, pues algo puede ser elegido con una amplia gama de urgencia, un amplio espectro de intensidad de deseo. Se ha expresado desconcierto en la conversación previa a nuestras palabras acerca de cómo se puede verdaderamente ser de servicio. La paradoja es que cuando uno está al servicio de los demás, automáticamente está sirviendo al yo, pues aquello que se ofrece es devuelto cien veces. Parece claro que cada otra persona es también el yo, es también el Creador, y así servir a otros es servir al yo. Además, antes de que uno pueda ser libre para servir a otro, debe entrar en relación consigo mismo, y el proceso de llegar a un amor y aceptación del yo puede parecer muy egoísta y egocéntrico.
El sello distintivo de los asuntos espirituales es la paradoja. Las respuestas se desvanecen en el misterio sin excepción. Así, no podemos definirles ni hacerles absolutamente claro con palabras, por más lúcidas que sean, la naturaleza total y completa de la elección. Sin embargo, queremos hablarles de la voluntad, pues este aspecto del ser está profundamente involucrado en el trabajo sobre el yo, especialmente en aquel trabajo sobre el yo que mejor se describiría como rayo índigo, ya que hay trabajo sobre el yo en cada nivel o cada centro de energía del ser. Es apropiado e importante trabajar en cada nivel de energía, trabajar con cuestiones de supervivencia, de relación, de grupos, trabajar en la apertura del corazón, trabajar en la comunicación abierta, y para hacer este trabajo es necesario usar la voluntad. Sin embargo, sigue siendo el mayor desafío de esta ilusión particular encontrar el uso correcto de la voluntad.
En lo que se quiere y en lo que se desea yace la enseñanza, el aprendizaje, la confusión, las dificultades, todo aquello que surge de ese deseo o de ese uso de la voluntad. Para la polaridad que es servicio a sí mismo, el uso de la voluntad nunca está en duda, pues la voluntad es aquello que toma el control. Cualquier cosa que se decida desear simplemente se quiere, y la entidad orientada negativamente tiene pleno dominio en determinar aquello que vendrá a ella. Para tal entidad, la voluntad es enviada a agarrar y tomar. En muchos sentidos, aunque esto suene como saqueo, el uso de la voluntad en el servicio a sí mismo puede estar curiosamente oculto, y no es en absoluto evidente para la polaridad de servicio a los demás cuándo algo es apropiado desearlo y cuándo no lo es. Todas las cosas que llegan al aparato sensorial parecen naturales y solo mediante una repetición extensa la entidad comienza a formar una estructura de prioridades que escucha los datos entrantes y elige a qué prestar atención.
Este instrumento, por ejemplo, es notorio por no saber dónde se encuentra, pero esto no es porque este instrumento no esté prestando atención. Es simplemente que este instrumento ha elegido priorizar algunos de los niveles más profundos de los datos entrantes, de modo que aquello que ocurre en la superficie a menudo queda muy atrás para este instrumento, mientras desea penetrar hasta el corazón del catalizador. Esta ha sido una progresión que abarca la encarnación de este instrumento, la cual es ya de más de medio siglo que el conocido como Jim ahora se regocija en haber alcanzado. Cada uno de ustedes ha hecho en cierta medida, algunos más, otros menos, un trabajo consciente en disciplinar la conciencia para que los datos entrantes no solo tengan algún sentido, sino cada vez más un tipo particular de sentido.
En las parábolas del conocido como Jesús, esta entidad decía con frecuencia al final de una historia: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Y esta es la búsqueda de cada buscador: desarrollar oídos que escuchen cada vez con mayor precisión la canción de amor que fluye a través de cada momento de la experiencia. La tercera densidad, su plano terrestre, es un mundo de gran soledad y tristeza, con cada entidad encerrada de las demás de maneras que no ocurren antes de esta densidad ni después de ella. Esta es una densidad de oscuridad metafísica iluminada solo por esa pálida luna de esperanza y fe. Y sin embargo, en esta luz tenue yace una profundidad de verdad que nunca volverá a ser tocada, pues solo en esta densidad el Creador se ha concedido a Sí mismo el lujo de no saber. Así, a medida que cada uno se experimenta a sí mismo, el Creador se experimenta a Sí mismo de una manera intacta y no contaminada, totalmente espontánea y totalmente libre, y si esa entidad que eres tú encuentra ese corazón de amor que es la verdad más profunda, ese hallazgo es completamente real, pues no es en la superficie de las cosas donde esta verdad es evidente. No es evidente que todo sea uno. No está nada claro que cada entidad sea una criatura y un hijo del amor. De hecho, solo por la fe ciega podemos comenzar a aprehender aquello que no sabemos y, sin embargo, aquello que sí sabemos: el amor mismo.
Así, cuando el buscador llega a esos momentos de lucidez asombrosa, cuando ese saber que está más allá del no saber ilumina el cielo de la conciencia con esa plenitud de luz que es el verdadero autoconocimiento, hay un grado de gozo que no puede ser alcanzado por aquellos que ya conocen el resultado. Alrededor de esta morada somos capaces de ver cada flor, planta y árbol moviéndose rítmicamente en el gozo del conocimiento perfecto. El mundo de la segunda densidad se abraza a sí mismo sin autoconocimiento pero con pleno conocimiento del amor. No hay duda. No hay argumento. No hay confusión en el crecimiento de la semilla en brote y del brote en flor, en el decaer de lo que nace y en el levantarse de nuevo desde la semilla. Todo se siente en ese ritmo cíclico que es perfecto, y todo armoniza, cada uno sirviendo a cada uno en un detalle infinito.
Más allá de esta densidad, una vez hecha la elección de cómo servir, el velo se levanta de nuevo y cada uno es nuevamente consciente, de la misma manera en que cada uno de ustedes es consciente de la forma de esta casa y del color de la pintura en las paredes, de que todos son uno. Cada uno conoce los pensamientos del otro y ve la completa comunidad entre esos pensamientos y los pensamientos del yo. Sí, hay mucho más por hacer más allá de la tercera densidad, pero es un trabajo minucioso, cuidadoso, que toma tiempo, incluso tedioso en comparación con la aventura en la que ahora están embarcados ustedes, que viven y respiran el aire del mundo de la Tierra. Este es entonces, en un sentido real, su momento de gloria.
Entonces, ¿cuál es la elección, precisamente? Aunque no podemos hablar con precisión, aunque la elección siempre está velada en misterio, señalaríamos en la dirección de la voluntad, que es como el verbo en una oración cuyos sustantivos están hechos de fe, esperanza, amor y caridad. ¿Cuál es el uso correcto de la voluntad? El conocido como Jesús habló muy claramente cuando dijo: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”. Pues ven, la elección verdaderamente es rendirse. La elección del Loco es saltar al vacío, sin saber absolutamente nada de lo que yace en el fondo del abismo de lo desconocido. Uno elige tener fe completa y así permanecer en calma en medio de este mar de confusión que es el mundo de la Tierra. Esta no es una elección obviamente buena. La elección de creer ciegamente parece bastante insensata, y podemos decir que lo es. En la superficie de los acontecimientos, una elección como la de la fe pura solo rara vez será validada de manera obvia por la experiencia, y sin embargo la energía que se libera cuando un buscador elige vivir por la fe es tremenda. Ciertamente desafía a la lógica. La lógica dicta que uno mantenga el control para servir mejor.
Y sin embargo, el camino de la lógica es el camino de la muerte, pues el servicio es algo vivo y vital. Sopla como sopla el viento, y estar al servicio de otro es un arte. El comienzo de este arte es abstenerse de usar la voluntad con ansias de servir. A medida que intentas servir a otros, pregúntate siempre, como dijo antes este instrumento al conocido como B: “¿Qué se te está pidiendo?”. Pues es en respuesta a lo que se pide que uno puede servir a otro. Y en un nivel más profundo, a medida que los acontecimientos inciden sobre ti, una buena pregunta para hacerse como punto de referencia es: “¿Qué te pide el Creador?”. La respuesta a esto solo puede conocerse desde el corazón, solo desde la intuición, pues lo que el Creador pide a menudo es ilógico, a menudo desconcertante, aunque uno sienta hacer o no hacer algo. No se puede explicar con precisión por qué. Pero cuando hay una intuición fuerte, recomendamos y alentamos a la voluntad a seguir esa intuición.
Ahora bien, no sugerimos que abandonen el deseo. De hecho, los animaríamos a afinar su voluntad, a agudizar su deseo, pero que esa voluntad y ese deseo sean conocer al Uno infinito. Pues la elección básica de quien está, digamos, atrapado en el tiempo es cómo enfrentar cada momento de ese tiempo. ¿Encuentran este momento con el corazón abierto y con el espíritu en paz? Si no pueden decir que así es, entonces hay introspección, reflexión, meditación que podrían ayudar a lograr esa claridad. Hay un gran arte en nutrir a ese yo que tiene tanto dentro de sí pero que necesita la bondad, la aceptación, la conciencia de un yo que lo apoye.
Los dejamos, en lo que respecta a esta primera pregunta, en el aire. Esta no es la densidad del suelo firme. Verdaderamente, cuando por fin no les importe caer libremente habrán llegado a una postura metafísica razonablemente cómoda desde la cual obtener una visión algo más precisa del latido rítmico del destino. Soplando con los vientos del libre albedrío, ese destino tiene una seguridad, una firmeza que no puede ser movida por decisiones que los desvíen de una dirección a otra. No pueden apartarse del camino correcto, pues esas lecciones que vinieron a explorar, esas lecciones de cómo amar y cómo permitir ser amados, son fluidas y vivas y pueden moverse con ustedes dondequiera que vayan. Así que, en el sentido de cometer errores trágicos, les pedimos que sean intrépidos. No pueden cometer un error, metafísicamente hablando, pues su lección y su destino los seguirán adondequiera que se muevan. Sin embargo, cooperar con ese destino definido suele implicar permitir que el pequeño mundo se desvanezca para que el yo mayor y la voluntad mayor puedan presentarse con mayor claridad.
En este momento transferiremos este contacto al conocido como Jim, agradeciendo a este instrumento por su servicio y dejándolo en amor y en luz. Somos aquellos de Q’uo.
Yo soy Q’uo, y saludo nuevamente a cada uno en amor y en luz a través de este instrumento. En este momento es nuestro privilegio preguntar si podemos responder a alguna otra inquietud que permanezca en la mente de los presentes. ¿Hay otra pregunta en este momento?
B: Solo quiero expresar mi gratitud por hablarnos en estas reuniones.
Yo soy Q’uo, y, hermano mío, compartimos tus sentimientos, pues es en estas uniones de vibraciones en estos círculos de trabajo donde no solo podemos servirles sino también experimentar mucho de lo que ustedes experimentan cuando nos consultan acerca de los patrones de sus vidas. Estamos muy agradecidos a cada uno por estas oportunidades. ¿Hay otra pregunta?
Carla: Cuando Abigail grita así, ¿está hablándoles a ustedes y respondiendo a sus vibraciones?
Yo soy Q’uo, y soy consciente de tu pregunta, hermana mía. Somos conscientes de la entidad conocida como Abigail y de que esta entidad, en efecto, es capaz de percibir nuestras vibraciones. En muchos casos esta pequeña entidad encuentra nuestras vibraciones algo discordantes y, de hecho, cuando el contacto fue transferido a este instrumento, la conocida como Abigail abandonó el regazo de esta entidad en este trabajo. La conocida como Abigail también estaba respondiendo vocalmente a las otras criaturas de segunda densidad que se alimentaban fuera de la ventana. ¿Hay otra pregunta, hermana mía?
Carla: No.
Te agradecemos. ¿Hay otra pregunta en este momento?
B: ¿Es en la aplicación de la voluntad hacia los deseos más profundos donde se traen las lecciones a una entidad para que pueda afinar la aplicación de la voluntad y el deseo?
Yo soy Q’uo, y soy consciente de tu pregunta, hermano mío. Sustituiríamos la palabra “aplicación” por la palabra “rendición” de la voluntad. A medida que la entidad avanza más en su camino de búsqueda, la capacidad de caer libremente a través de la experiencia es una capacidad que abre los recursos internos de la entidad y el canal, por así decirlo, de tal manera que las elecciones preencarnativas se aceptan y se danzan con mayor facilidad. El intento de aplicar la voluntad y, mediante el discernimiento, trazar un curso práctico y sabio es en sí mismo útil más por la dirección de la intención y el cultivo de la motivación que por el trazado real del curso.
¿Hay otra pregunta, hermano mío?
B: En general, la pregunta se refiere simplemente a rendir la voluntad y dejarse llevar. ¿Es esto correcto?
Yo soy Q’uo, y soy consciente de tu pregunta. En general estaríamos de acuerdo con tu resumen, pero también enfatizaríamos la importancia del medio de esa rendición: que la entidad busque dentro del estado meditativo, orante y contemplativo abrirse a tal grado que el único Creador se mueva a través del ser; que la entidad se rinda al Creador, más que a las circunstancias o a otras entidades.
¿Hay otra pregunta, hermano mío?
B: Todavía estoy confundido con “aplicación de la voluntad” y “rendición de la voluntad”. ¿Podrías aclararlo?
Yo soy Q’uo, y soy consciente de tu pregunta, hermano mío. Uno aplica bien la voluntad cuando es capaz de mirar la experiencia que lo rodea, discernir las opciones disponibles, las oportunidades que se presentan y, de manera similar a como se introduce esta información en una computadora para que el trabajo de la mente tenga lugar, luego realizar la operación de equilibrio que consiste en buscar en la meditación la voz de la voluntad mayor. Allí se abandonan las ideas preconcebidas sobre cómo debería ser la experiencia y cómo debería participar la entidad. Esa rendición abre al ser a mayores posibilidades, a la voluntad mayor, al yo superior, al único Creador, y cuando esto se ha sentido en el corazón del propio ser, entonces, ya sea que la elección sea sí o no, se sigue esa elección aunque presente dificultades para la mente y para las nociones preconcebidas.
¿Hay alguna otra pregunta?
B: Cuando un buscador elige buscar al Creador, ¿las dificultades que surgen de esa elección son como experiencias iniciáticas, el dejar ir ideas preconcebidas?
Yo soy Q’uo. Nuevamente, en general, esto es correcto, pues las dificultades percibidas de la naturaleza de la experiencia en su totalidad son el encuentro del yo encarnado con el destino, y diversas notas en esta partitura musical que llamamos destino pueden parecer discordantes, desarmoniosas y fuera de lugar; sin embargo, cuando se examinan cuidadosamente y se asimilan dentro del ser como una porción del propio yo, puede lograrse la armonía y la gran partitura del compositor preencarnativo puede entonces completarse.
¿Hay alguna otra pregunta, hermano mío?
S: A veces uno ha recorrido una buena distancia por un determinado camino antes de darse cuenta de que no es el camino que desea seguir, pero ha invertido cierta cantidad de energía emocional en ese camino. ¿Puedes describir la necesidad que uno siente de continuar por ese camino debido a esa inversión emocional?
Yo soy Q’uo, y soy consciente de tu pregunta, hermano mío. El camino es el camino para cada uno, ya sea que cada porción sea reconocida o apreciada. Muchas veces la necesidad de cambiar de rumbo es más bien la necesidad de clarificar el momento presente. Cada entidad se moverá por su camino de la manera que sea más cómoda para ella en el sentido metafísico, pues mucho en la ilusión física parecerá grandemente discordante y muy incómodo.
Es bueno que cada uno recuerde que ningún buscador viaja solo, aunque cada uno pueda sentir una gran soledad. Es bueno recordar que manos invisibles —maestros, amigos y compañeros de antes del tiempo— se mueven con cada entidad y ofrecen guía y consejo siempre que el buscador los solicite. Es bueno también que cada buscador recuerde que el curso que se está recorriendo fue elegido, que esta no es la densidad del entendimiento, es la densidad donde poco se comprende, y sin embargo, dentro de este entorno y estas circunstancias es posible fortalecer de tal manera la voluntad y la fe que la experiencia recogida sea vívida y única, pura y de gran variedad, algo que no sería posible si aquí hubiera gran entendimiento. Así, este es el tesoro de esta ilusión. La constante necesidad de comprender lo que no puede comprenderse construye una gran fortaleza de fe y de voluntad.
¿Hay alguna otra pregunta, hermano mío?
S: No, gracias.
Yo soy Q’uo, y te agradecemos, hermano mío. ¿Hay otra pregunta en este momento?
R: Es muy reconfortante saber que ustedes son nuestros amigos.
Yo soy Q’uo, y en verdad somos sus amigos. Caminamos con ustedes en su viaje. Consideramos un gran honor hacerlo a su invitación.
¿Hay alguna otra pregunta en este momento?
Yo soy Q’uo, y como parece que por ahora hemos agotado nuevamente las preguntas, quisiéramos una vez más agradecer a cada uno de los presentes por invitarnos a acompañarlos este día. Ha sido un gran honor hacerlo. Recordamos a cada uno que nuestras palabras son solo guías y posibilidades. Tomen aquellas que resuenen verdaderas para ustedes y dejen atrás las que no. Somos conocidos por ustedes como aquellos de Q’uo, y nos retiramos ahora de este instrumento y de este grupo. Dejamos a cada uno en el amor y en la luz del único Creador infinito. Adonai. Adonai.