Confederación

Sexualidad y espiritualidad

Q’uo, 9 de abril de 1995

Pregunta del grupo: Nos gustaría saber cuál es la expresión natural tanto de la sexualidad masculina como de la femenina. ¿Cuáles son las imágenes o fuerzas arquetípicas que ayudan o causan que esta expresión sea como es? ¿Cuál es la manera más apropiada para nosotros de trabajar con o de percibir estas energías sexuales en nosotros mismos y en los demás? Y nos gustaría saber si existe una manera en la que los intercambios de energía sexual puedan usarse para experimentar la unidad del Único Creador.

Saludos en el amor y en la luz del Único Creador Infinito. Somos aquellos de Q’uo. Como siempre, es un placer y un privilegio distintivo unirnos a este círculo de buscadores. Bendecimos a cada uno que presta su complejo de vibraciones a este círculo. La energía combinada es muy hermosa. Pedimos que cada uno use su discernimiento al escuchar lo que decimos. Les pedimos que no acepten ninguna de nuestras opiniones a menos que parezca tocar una cuerda de respuesta dentro de ustedes, pues la verdad es algo profundamente personal; y les pedimos que custodien cuidadosamente su propia verdad.

Al hablarles acerca de la energía sexual, necesitamos hacerlo dentro de un contexto para no aislar esta energía al pensar en ella de una manera artificial, sino más bien de una forma que permita a cada uno ver y sentir la perfección del don sexual. En verdad, los dones que son grandes y que contienen un gran poder son también aquellas responsabilidades que son igualmente grandes, pues cada uno custodia, aprecia y comparte esta energía con los demás.

El manantial de sus vehículos físicos es la actividad sexual. El fecundador de la inspiración es, a menudo, la actividad sexual. El sanador del dolor, incluso del dolor profundo, es a menudo la actividad sexual. Y todas esas energías de amistad y del acercamiento de las personas entre sí como sociedades: estas necesitan estar asentadas dentro de una sexualidad fuerte y saludable para que exista profundidad en los procesos mediante los cuales la energía se mueve hacia esa luz perfecta de energía infinita.

Arquetípicamente hablando, entonces, la sexualidad para entidades de tercera densidad como ustedes comienza con esa dinámica entre el masculino que extiende la mano y el femenino que espera el acercamiento. Ahora bien, esta es una estructura arquetípica, una lógica arquetípica. En verdad, tanto el masculino como el femenino se extienden y esperan el acercamiento; pero en términos de encontrar una manera de captar y comprender las formas en que esta energía surge, es central ver esta dinámica del masculino que se extiende y del femenino que espera el acercamiento.

Las dificultades que aquellos que buscan la verdad encuentran en esa búsqueda a menudo parecen no tener nada que ver con la sexualidad, sino más bien con cosas que los retienen: el cónyuge o algo acerca de la situación del hogar comienza a verse como tan limitante que el buscador debe marcharse para ser libre de buscar, sin ataduras de lo que parece ser un mar de negatividad. Muy a menudo, sin embargo, lo que está ocurriendo es que el buscador ha comenzado a trabajar en los centros de energía superiores —el corazón, la garganta, el entrecejo— aquellas energías que llamaríamos las de la compasión, la comunicación y el trabajo en la conciencia. Ciertamente, estas son en efecto las energías que llaman. Y oh, ¡cuán hambriento está el estudiante de más sabiduría, más conocimiento, más percepción y más comprensión!

Sin embargo, toda planta comienza su vida dentro del suelo; y aunque ya no estén unidos a la tierra por raíces visibles, aun así el cuerpo físico que los transporta tiene su origen, su vida y su energía debido a su unidad con el plano terrestre. La cantidad de energía pura que vibra entre la tierra y el vehículo físico es asombrosa. Sin embargo, no puede ser reconocida ni utilizada de manera adecuada por quien está trabajando en los chakras superiores, a menos que esa entidad tenga la paciencia, la humildad y la determinación para entrar en contacto con esa tierra, con ese suelo del yo; pues la identidad sexual es una parte tan poderosa y tan completamente única del espíritu o alma individual como cualquier otra energía expresada en la encarnación.

Esta es la energía que crea una planta saludable, un cuerpo saludable, la energía que da un “sí” primario al ser. Esta es además (como lo son todas las energías) una energía sagrada, una energía santa; y la relación sexual es como la eucaristía del rayo rojo, la santa comunión del cuerpo. Esta unión recapitula la unidad de la tierra y el cielo, la unidad de lo masculino y lo femenino, la unidad del extenderse y del esperar.

Ahora bien, cuando hablamos de sexualidad, no hablamos simplemente de actos sexuales, pues esta energía es constante; y aunque su aparición en la mente consciente es cíclica, su lugar en el esquema de las cosas, por así decirlo, es constante.

Entonces, ¿cómo se trabaja el rayo rojo? Primero, uno simplemente tiene que volverse capaz de expresar al yo con precisión cuál es la actitud, pues encontramos entre sus pueblos una gran habilidad para cubrir temas incómodos con generalidades y conceptos medio elaborados. Hay un daño inevitable hecho, si así se le quiere llamar. Hay, digamos, una distorsión inevitable que ha tenido lugar para cada entidad dentro de la encarnación. Pues, como el resto de las herramientas y recursos encarnacionales, el sexo está destinado a causar gran catalizador, a hacer que las entidades sientan toda clase de confusión, ira, tristeza, y así sucesivamente.

Esa es una de las grandes virtudes de la relación sexual y de la relación entre dos entidades en lo que concierne a su sexualidad y a su expresión, una con la otra. Se pretende que uno encuentre esto como algo difícil, al menos de vez en cuando, pues el viaje de la cabeza al corazón debe ser enseñado en cada nivel de energía.

Así, uno puede trabajar en el tema de volverse más equilibrado en la energía del rayo rojo, esté o no en una relación, sea o no sexualmente activo. En términos de hacer la tarea, por así decirlo, no importa cuál sea la situación, pues la sexualidad de cada entidad yace en el mismo corazón de su individualidad, y cada entidad necesita trabajar sus propios asuntos, su propia sexualidad.

Es bueno intentar, entonces, separar suavemente los hilos que están enredados en el proceso de percibir la propia relación con otro de manera sexual, de modo que los asuntos de la otra entidad permanezcan con esa entidad, y así el yo trabaje completamente sobre sí mismo; y quizá sus reacciones ofrezcan ese catalizador para el pensamiento que sí crea lecciones aprendidas y una mejora en la fuerza de la energía vital.

Tal como el Creador lo dispuso, la tercera densidad siempre está ocupada con las dualidades de los opuestos dinámicos; y el masculino que se extiende y el femenino que espera es la dinámica más fuerte del rayo rojo. Así que observemos brevemente el extenderse y el esperar.

No es solo la mente y el espíritu lo que está involucrado en los procesos de extenderse, pues el vehículo físico tiene instintos que son muy claros. La perpetuación de la especie, como este instrumento lo llamaría, depende completamente de esa necesidad masculina de extenderse. Así pues, el cuerpo mismo tiene el instinto de extenderse; y por supuesto, aquellas mujeres que tienen una abundancia de energía masculina también se encontrarán extendiéndose involuntariamente hacia la sexualidad de un hombre que ha captado su atención.

Esta energía puede percibirse como muy negativa porque puede ser confrontativa, y porque el instinto más profundo de quien espera el acercamiento es la protección.

Ahora bien, ¿qué es aquello por lo que el masculino se extiende, más allá de lo obvio? ¿Qué es lo que está en el corazón, espiritualmente hablando, de esta energía? Como siempre, es la unidad. El premio es grande para quienes desean purificar y fortalecer esta energía hasta que encuentre equilibrio dentro del yo.

Así pues, los hombres tienen la necesidad de tratar con el catalizador de la atracción hacia cualquier mujer atractiva y disponible. De hecho, esa energía masculina es capaz de extenderse en la fantasía, en el pensamiento. Ni siquiera es necesario que esté presente el estímulo de la mujer. Esto asegura que la especie sobreviva mientras el planeta sea viable.

Mientras tanto, para la energía femenina existe el lado opuesto de esta dinámica. También hay unidad, pero una unidad articulada. Los hombres que tienen mucha energía femenina también se encuentran involuntariamente atraídos hacia las contracciones de quien se protege a sí mismo. Esta energía es tan poderosa que existe la necesidad de que la energía femenina o negativa sea vigilante, cautelosa y protectora.

No es propio de la energía femenina buscar el extenderse indiscriminadamente, sino más bien la protección cuidadosa. Pues la unidad que se articula entre lo masculino y lo femenino es ese misterio que es el Único Gran Pensamiento Original. La energía femenina potenciando la energía masculina equivale a la energía subconsciente fluyendo a través de canales conscientes.

Así, cada uno se convierte en un canal para el Único Gran Pensamiento Original, que es el Amor. Y en la unión sexual entre dos que comprenden la profundidad y la centralidad de las energías del acto de amar, existe la posibilidad de tocar la energía inteligente; y en esta fusión, los dos verdaderamente son uno. De esto surgen lo masculino y lo femenino, bendecidos, equilibrados y sanados.

Pedimos a cada uno que considere el arquetipo conocido como “Los Enamorados”. En esta figura, un hombre se encuentra con una mujer a cada lado; a un lado, la virginal; al otro lado, la energía femenina mundana y prostituida. Es la primera elección, la más obvia, para el hombre que entra en posesión de esa sexualidad que será su catalizador durante toda una vida, extenderse hacia esa sexualidad en la mujer que es evidente; y, de hecho, existe esa porción de cualquier energía masculina que siempre se sentirá atraída por lo prostituido y lo superficial. Esto es natural.

Sin embargo, para el hombre que busca hasta encontrar a aquella mujer con la que siente que puede trabajar con toda humildad, a esa entidad se le otorga una gran ayuda. Pues si lo masculino y lo femenino desean por igual trabajar juntos en este nivel de energía, entonces existe para ambos un suministro constante de energía transferida: para el hombre, la inspiración mental y emocional; para la mujer, esa energía física y vital; cada uno dando lo que tiene en abundancia y recibiendo aquello de lo que carece.

Mencionamos este arquetipo porque existe una necesidad continua de que las entidades se reconfiguren y se reequilibren, pues hay poca probabilidad de que un buscador llegue a ser perfecto en esta o en cualquier práctica de disciplina del yo una y otra vez. Esa energía masculina, que es una bendición por su abundancia y su fuerza, puede caer fácilmente en una temporada en la que imágenes vienen y vienen y vienen a la mente, y parece que no hay nada más que lascivia en su interior.

Y para la energía femenina existe esa tendencia a permitir que la protección apropiada se degrade en amargura y miedo; y la separación que ocurre a causa de estas cosas es considerable.

Por lo tanto, al trabajar unos con otros dentro de una relación, esa energía que llamaríamos perdón es de suma importancia. Esta energía, como todas las energías dentro de esta ilusión, ha sido establecida para causar confusión y desconcierto una y otra vez. Y aunque es natural experimentar emociones negativas en respuesta a las frustraciones del fracaso, tal como uno percibe su propio fracaso, puede parecer que el tema del sexo no vale todo el trabajo que requiere.

Las mujeres tienen una tendencia arquetípica a ser lo que este instrumento llamaría “arpías”. Los hombres tienen la tendencia arquetípica a ser lo que este instrumento llama “cerdos”. Estos son términos peyorativos. Este instrumento los utiliza porque decirlos en voz alta quita parte del aguijón de esa verdad inevitable, pues ese elemento que parece arisco no es más que la manifestación externa de esa saludable tendencia a la protección. La mujer lucha con palabras.

Aquello a lo que reacciona es a esa naturaleza masculina que se extiende indiscriminadamente, y no importa cuánto haya avanzado espiritualmente un hombre, el vehículo físico de ese hombre continuará extendiéndose de manera indiscriminada. El estudiante de metafísica, en su mayor parte, intentará ignorar los impulsos que son aleatorios y recolocar continuamente la atención en la relación de pareja. El hombre siempre fallará en hacer esto de manera perfecta.

La mujer puede intentar ser indulgente, comprensiva, y así sucesivamente, pero una vez más, el fracaso es inevitable. Amigos míos, de esta manera como en todas las demás, se tienen los unos a los otros para ayudarse mutuamente, y los alentamos encarecidamente a que cada uno intente ver la dinámica que la sexualidad ofrece con una mirada misericordiosa y veraz, a ser rápidos en perdonar y a estar dispuestos, una y otra vez, a intentar confiar.

Cuando existe discordia en este nivel, mucha energía queda bloqueada; y es habitual que los estudiantes de metafísica estén bloqueados hasta cierto punto en este nivel. Ya les hemos hablado antes acerca de los peligros de trabajar en la conciencia sin haber despejado primero esas energías inferiores, y les recordamos nuevamente: el primer trabajo es aquel que es el más bajo, el más básico y el más fundamental.

La primera santidad está aquí, donde los pies se encuentran con la tierra, donde el espíritu se encuentra con la carne. Aquí, en el nivel donde las entidades nacen; aquí donde las entidades expresan su naturaleza física más profunda; aquí está el comienzo de una buena obra.

Trabajar con este centro de energía durará toda la vida, pero alentamos a cada uno a trabajar intensamente en este nivel de energía hasta que el yo perciba un equilibrio. Entonces, el proceso es trabajar sobre las relaciones mentales del yo consigo mismo, y luego las relaciones con otros, y después las relaciones con los grupos. Y solo cuando este trabajo de equilibrado ha sido tocado, un estudiante debería avanzar hacia el trabajo de abrir el corazón, hacia la comunicación y hacia el trabajo en la conciencia, pues la energía tiene un vector natural de lo inferior a lo superior, y el estudiante necesita una base sólida.

Así pues, pedimos a cada uno que vea el trabajo con la sexualidad como una ocupación sagrada y como parte de una vida sagrada. Permítanle ser maravilloso y divertido. Liberen al yo para regocijarse en la belleza de esta energía. Este es un proceso largo en ocasiones; sin embargo, hay mucho placer en el trabajo.

En este momento nos despedimos de este grupo, pues somos conscientes de la duración del tiempo que este trabajo ha consumido, y no deseamos cansar en exceso a los presentes. Somos conocidos por ustedes como aquellos de Q’uo, y dejamos a cada uno, como siempre, en el amor y en la luz inefable del Único Creador Infinito. Adonai, amigos míos. Adonai.